Imagen: Unsplash/ Jordie Poncy
Arquitectos como Luis Barragán y Tadao Ando demuestran cómo la dicotomía genera poesía espacial, ritmo y significado, mientras que la ausencia de matices reduce la construcción a una mera fachada comercial.
La mejor forma de identificar una verdadera obra arquitectónica no tiene mucho que ver con análisis rigurosos, sino con los sentimientos que produce al recorrerla. Cuando visitamos un edificio podemos sentir indiferencia o ser cautivados instantáneamente por cualidades que tal vez ni siquiera entendemos, pero que sin duda percibimos con todos nuestros sentidos. Sólo sabemos que son especiales porque han causado un impacto en nosotros.
Una de las virtudes que suelen estar presentes en este tipo de construcciones es el uso de los contrastes en diversos aspectos. Entre ellos se encuentran materiales, colores, texturas, escalas, luces y muchos otros que hacen del edificio una obra inolvidable y significativa por su riqueza sensorial.
En esta arquitectura, que también pudiéramos llamar dicotómica, el contraste es como la buena sazón que todo chef le debe proporcionar a un platillo gourmet. Así como existe comida chatarra, también hay platillos dignos de una estrella Michelin. Muchos individuos cocinan los alimentos simplemente por hacerlos, con la única intención de que quiten el hambre; pero otros, los que son verdaderos maestros, los preparan con lo mejor de sus habilidades y su creatividad para dejar a sus comensales sorprendidos por siempre.
Eso mismo pasa en la arquitectura: actualmente hay un exceso de obras que son netamente comerciales y que pocas veces poseen una riqueza cultural, histórica y estética; sin embargo, no se han dejado de erigir otras de primer nivel, que contienen numerosos elementos dignos de ser admirados. Estos extraordinarios edificios catapultan a sus creadores a ganar los corazones de las personas y, en muchos casos, el premio Pritzker, el máximo galardón que puede recibir un arquitecto.
EL LENGUAJE DE LOS CONTRASTES
Los contrastes son fundamentales en arquitectura porque generan interés visual, significado y equilibrio. Sin esta cualidad, cualquier inmueble se vuelve monótono y pierde su capacidad expresiva. Es una característica que incluso permite que los espacios sean vividos de manera diferente dependiendo de la estación del año o la hora del día.
Algunas de las dicotomías que añaden este dinamismo a una obra son: luz-sombra, color-neutralidad, rugoso-liso, lleno-vacío, masivo-ligero, claridad- oscuridad, orden-desorden, amplitud-estrechez, grande-chico, cerrado-abierto, geométrico-orgánico, volúmenes-planos, geométrico-tectónico, unidad- multiplicidad, tradición-modernidad, recto-curvo, largo-corto, perfecto-imperfecto, entre muchos más.
Los tipos de contraste actúan sobre la percepción, ya que el ojo humano necesita diferencias para entender el espacio. Los distintos grados de luz, color, textura, escala o forma ayudan al cerebro a identificar jerarquías y funciones dentro de cualquier entorno, lo que, a su vez, provoca una variedad de emociones en el espectador. En pocas palabras, el contraste ayuda a percibir y comprender mejor la arquitectura y cada uno de sus detalles. Algunos de sus “efectos secundarios” son:
Genera ritmo. Al introducir tensión visual y movimiento, hace que el espacio se sienta vivo. Un proyecto sin contrastes se percibe plano, pero con ellos adquiere profundidad y narrativa.
Ordena la composición. Equilibra y jerarquiza los elementos de un lugar, destacando lo importante y dando reposo al resto. Es una herramienta para establecer un balance entre unidad y diversidad.
Relaciona la arquitectura con el entorno. En regiones como la Comarca Lagunera, con climas extremos, ayuda a responder al contexto. La sombra frente al intenso asoleamiento de una región seca, lo cerrado frente a lo abierto del desierto, son estrategias tanto estéticas como funcionales.
Comunica ideas y emociones. No es solamente una herramienta formal, sino también conceptual: la mezcla de elementos inspirados por diferentes contextos históricos o por distintas corrientes artísticas permite expresar significados variados. El contraste es el lenguaje que le da voz a la arquitectura. Sin él, los espacios no hablan; con él, comunican, emocionan y permanecen en la memoria.

DOS MAESTROS DE LA DICOTOMÍA
Hay arquitectos cuya marca personal es un dominio del contraste destacado. Es el caso del mexicano Luis Barragán, quien utilizaba las dicotomías para generar poesía espacial. A través de su obra buscaba afanosamente despertar sentimientos desde lo más profundo de las almas de cada persona que visitaba sus edificios.
Manejó la luz y la sombra, el color y la neutralidad, lo vernáculo y lo moderno para generar una tensión entre pasado y presente, evocando sensaciones como el misterio, el recogimiento, la espiritualidad y la contemplación, pero también la alegría. Esa amplitud en su lenguaje arquitectónico lo colocó en un lugar superior —a nivel mundial— como diseñador de espacios.
Otro maestro del contraste es el japonés Tadao Ando, quien maneja de forma magistral la comunión entre lo espiritual y lo material con la idea de purificar la percepción. La conjunción del peso del concreto y el vacío generan una experiencia casi meditativa en sus edificios. Asimismo, su uso de una geometría insertada en la naturaleza —y viceversa— tiene la función de favorecer la concentración, el equilibrio y el diálogo. Su notable simbolismo lo coloca también entre los grandes ganadores del Premio Pritzker.
LO AMATEUR SE DELATA
Lamentablemente, casi en toda la República Mexicana, incluyendo la Comarca Lagunera, abundan las viviendas e inmuebles en general que dejan de lado el contraste en su composición arquitectónica. Es decir, tienen una gran deficiencia en su tratamiento formal, espacial y funcional, pues solamente privilegian lo ostentoso —para demostrar un estatus superficial—, lo que las hace monótonas y, en casos extremos, caen en el mal gusto o la vulgaridad. Cuando los contrastes están presentes en una edificación representan una arquitectura bien pensada, de una riqueza incomparable, que se ubica en un nivel superior con respecto a la mera obra comercial o las construcciones realizadas por contratistas. Hay una marcada diferencia entre construir y crear arquitectura.
Por eso, al momento de desarrollar una vivienda o cualquier otro tipo de inmueble, no deje de contratar a un arquitecto con todos los conocimientos y experiencia que le pueda brindar. Al final del día, todo esto beneficiará a su proyecto, que será para toda la vida y, por lo tanto, vale la pena invertir lo necesario para garantizar su calidad.
La presencia de contrastes es un claro indicador de que su proyecto tiene el nivel justo de detalle que debe esperarse de una obra de arquitectura. De igual manera, la falta de estos es un indicador de que el edificio fue realizado por un amateur.
Muchas personas que no tienen el conocimiento adecuado construyen “a la carta”, pero zapatero a sus zapatos. Dejemos que los verdaderos arquitectos realicen esta labor para que nuestro día a día tenga un mejor nivel de vida. El reto es encontrar al arquitecto correcto que nos permita disfrutar de estas dicotomías inolvidables.

jatovarendon@yahoo.com