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El método kaizen para construir hábitos

La filosofía japonesa de “cambio bueno” propone sustituir los ambiciosos propósitos de Año Nuevo por microhábitos ritualizados que, mediante pequeñas y constantes acciones, generan cambios profundos y sostenibles.

Imagen: Unsplash/ Imagine Buddy

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PRISCILA CASTAÑEDA

En enero acostumbramos hablar de propósitos y listas interminables de metas que, con frecuencia, se desvanecen a las pocassemanas. El entusiasmo inicial se enfrenta a la rutina, y la fuerza de voluntad —ese recurso limitado— se desgasta. En este contexto, el método japonés kaizen ofrece una alternativa radicalmente distinta que no se trata de imponerse obligaciones, sino de cultivar hábitos como rituales significativos, sostenidos más por la constancia que por el perfeccionismo.

ORÍGENES

El término kaizen proviene de dos ideogramas japoneses: kai (cambio) y zen (bueno). Surgió en Japón tras la Segunda Guerra Mundial como una política de mejora continua aplicada inicialmente en la industria. Empresas como Toyota lo adoptaron para perfeccionar procesos productivos mediante pequeños ajustes diarios. Con el tiempo, kaizen trascendió el ámbito empresarialy se convirtió en una filosofía de vida: avanzar paso a paso, sin exigir transformaciones drásticas, confiando en que la acumulaciónde “microcambios” genera resultados profundos y duraderos.

EN QUÉ CONSISTE

Kaizen propone que cualquier hábito puede construirse a través de acciones mínimas y sostenidas. En lugar de fijar grandes metas,muchas veces inalcanzables, se privilegia la repetición de gestos pequeños que, una vez integrados en la rutina, se convierten en parte de la identidad. La clave está en transformar la práctica en un ritual personal y cargado de sentido, más que en una obligación que pesa.

El método kaizen se enfoca en el beneficio acumulado de pequeñas acciones diarias. Imagen: Freepik
El método kaizen se enfoca en el beneficio acumulado de pequeñas acciones diarias. Imagen: Freepik

Desde la neuropsicología, esto tiene una explicación clara: el cerebro humano responde mejor a la recompensa inmediata y a la previsibilidad que a la presión de grandes objetivos. Los circuitos de dopamina se activan con logros pequeños y frecuentes, lo que refuerza la conducta y facilita la consolidación de hábitos. En cambio, cuando las metas son desproporcionadas y en apariencia inalcanzables, el sistema límbico interpreta la tarea como amenaza, generando así ansiedad y resistencia.

¿POR QUÉ FUNCIONA?

Esta metodología funciona porque se alinea con la manera en que nuestro cerebro aprende y se adapta. En primera instancia prioriza la constancia sobre el perfeccionismo: la repetición fortalece las conexiones neuronales, mientras que la obsesión por la excelencia activa la autocrítica y el desgaste emocional.

El kaizen ha de estar matizado de carga emocional positiva. Al tratar los hábitos como rituales, se les otorga un valor simbólico que motiva desde la identidad y no desde la obligación. También es necesario aplicar la economía de la voluntad: reduciendo la exigencia diaria, se evita el agotamiento de la fuerza de voluntad, que es un recurso limitado y frágil.

La teoría de la autodeterminación de Edward Deci y Richard Ryan (2000) explica que la motivación más duradera surge cuando las personas sienten autonomía, competencia y conexión social. Este es un marco muy influyente en psicología motivacional. El kaizen impulsa la autonomía al favorecer, a través de pequeños pasos, la sensación de que las acciones son elegidas libremente y no  impuestas. Asimismo, la competencia con la que nos auto-percibimos avanza a la par que sentimos que se logra algo cada día, y la conexión aumenta cuando los rituales se comparten o se vinculan con valores personales.

El perfeccionismo al intentar alcanzar cualquier meta suele ser fuente de frustración Imagen: Unsplash/ Shane
El perfeccionismo al intentar alcanzar cualquier meta suele ser fuente de frustración Imagen: Unsplash/ Shane

Desde la perspectiva de la psicología humanista, se trata de reconocer que el crecimiento no es una carrera, sino un proceso de autorrealización que se construye con paciencia y cuidado.

Imaginemos a Laura, una mujer de 32 años que desea incorporar el ejercicio físico en su vida. Ha intentado inscribirse en gimnasios, seguir rutinas intensas y dietas estrictas, pero siempre abandona su progreso al cabo de unas semanas. La exigencia le genera frustración y, cuando no consigue cumplir las estrictas metas diarias o semanales, surge la sensación de fracaso.

Un día decide aplicar el método kaizen. En lugar de proponerse hacer ejercicio una hora diaria en el gimnasio, se plantea un gesto mínimo: caminar cinco minutos alrededor de su casa después de cenar. Ese es su ritual. No importa si está cansada o si llueve; cinco minutos son alcanzables y no requieren fuerza de voluntad extrema.

Al cabo de dos semanas, esos cinco minutos se convierten en diez. Laura empieza a disfrutar del aire fresco, de escuchar música mientras camina, de observar cómo su cuerpo se relaja. El ritual deja de ser una obligación y se transforma en un espacio de cuidado personal. Después de un mes, caminar ya no es una tarea: es parte de su identidad. Se reconoce como alguien que se mueve, que se cuida, que honra su cuerpo.

Neuropsicológicamente, cada pequeño logro activa la liberación de dopamina, reforzando la conducta. La constancia genera nuevas conexiones neuronales en los circuitos de hábito. Laura ya no depende de la fuerza de voluntad, sino de la constancia y del sentido que le otorga a su práctica.

Cuando un hábito se integra en la vida a modo de ritual, deja de sentirse como un camino cuesta arriba hacia una meta inalcanzable. Imagen: Unsplash/ Indy Bruhin
Cuando un hábito se integra en la vida a modo de ritual, deja de sentirse como un camino cuesta arriba hacia una meta inalcanzable. Imagen: Unsplash/ Indy Bruhin

PERSPECTIVA HUMANISTA

La psicología humanista, representada por autores como Carl Rogers y Abraham Maslow, subraya que el ser humano busca la autorrealización y el crecimiento personal. El método kaizen encarna esta visión: no se trata de cumplir con estándares externos, sino de construir un camino propio y respetuoso con los ritmos individuales. Cada pequeño paso es una afirmación de dignidad y autonomía.

En este sentido, los hábitos se convierten en rituales que sostienen la vida. Ritualizar el cuidado personal es reconocer que la transformación no ocurre en un instante, sino en la acumulación de gestos cotidianos que nos acercan a la mejor versión de nosotros mismos.

Kaizen nos recuerda que los cambios más profundos no nacen de la fuerza de voluntad heroica, sino de la constancia humilde, y que los hábitos no deben vivirse como cargas, sino como momentos significativos que nos conectan con nuestra identidad y nuestro bienestar. La clave está en respetar la manera en que nuestro cerebro y nuestra motivación funcionan: paso a paso, con sentido y con paciencia.

En este inicio de año, que el reto no sea “cambiarlo todo”, sino dar un pequeño paso cada día, para que en la suma de esos pasos encontremos nuestra verdadera transformación.

marteda@gmail.com

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