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LA MAGIA ESTÁ EN LA INTENCIÓN

DANIELA SUÁREZ

Muchas veces, al lanzarse a cumplir un objetivo, se deja llevar por la emoción del momento. Todo parece fluir y avanzar con fuerza... hasta que, de repente, todo lo construido en años o en meses puede desvanecerse en minutos. Esto sucede porque, aunque existe el deseo, a menudo falta la intención: ese enfoque consciente que conecta cada acción con lo que realmente se quiere. La emoción impulsa, pero sin intención es fácil perder dirección. Cada acción se potencia cuando va guiada por una intención clara, alineada con lo que realmente se desea.

Cuando se conecta con la intención antes de realizar una idea, ahí es donde ocurre la magia. Una vez que se coloca la intención mentalmente, antes de que surja el impulso hacia la acción, todo se alinea: los pasos, los encuentros y las oportunidades ya se ponen en movimiento. Por ejemplo, al tener la idea de vender joyería con la intención de que las mujeres se sientan hermosas y bien vistas, el primer contacto (el cliente) puede manifestarse incluso antes de iniciar el negocio. En una conversación cotidiana, alguien podría mencionar que busca bisutería para un regalo especial. La magia sucede porque la intención ya se activó en lo que se desea.

La falta de conciencia sobre este principio -que fuimos llamados a servir- genera frustración, decepción e incluso culpas, así como enojo hacia uno mismo y con los demás. Pero cuando el egoísmo se desvanece y se comprende que lo que se está ofreciendo es para el beneficio de los demás, la recompensa del emprendedor se vuelve grande y profundamente satisfactoria. Esto se refleja en uno de los mandamientos divinos: "Ama a tu prójimo como a ti mismo". No dice "persigue tus intereses antes que las necesidades de los demás". Al servir con amor, pensando en los demás antes que en uno mismo, se activa el privilegio de la reciprocidad, donde dar desde el corazón se devuelve en abundancia.

Otro ejemplo claro: cuando se va al mercado con la intención de comprar ciertos productos para la comida del día, al final uno queda satisfecho y bien servido al encontrar todo lo necesario para preparar el platillo deseado. Así es como funciona el efecto de la intención. Andar por la vida sin intención es como recorrer 40 años en el desierto, atrapado en un proceso cíclico e interminable. La intención rompe ese ciclo y transforma el fracaso cerrado en un camino lleno de resultados concretos. Si estás a punto de tirar todo, date una pausa. Aún estás a tiempo de mejorar tu proyecto o pulir tus ideas usando el poder de la intención, dándole sabor a tu vida y provocando buenos resultados. Solo piensa para qué quieres eso que deseas realizar. Vivir en modo automático genera aburrimiento y cansancio. Vivir con intención genera bienestar y sentido en cada acción.

Piensa en esto: ¿para qué deseas tener pareja? ¿Para satisfacerte a ti primero, llenar tus vacíos, no sentirte solo, evitar la presión de la sociedad o para hacer feliz a tu pareja, que se sienta a gusto contigo y crecer juntos en el camino? ¿Para qué quieres tener un negocio? ¿Para sentirte independiente e importante o para beneficiar la vida de tus clientes? ¿Para qué quieres tener dinero? ¿Para pagar deudas, dejar de sentirte limitado o para sentirte merecedor de la abundancia? Vivir con intención es hacer las cosas con sentido, es darle propósito a cada acción. Vivir con intención rompe la decepción y genera felicidad. Esta acción es universal y puede aplicarse a cualquier área: amorosa, económica, profesional, familiar o de negocios. Incluso en los detalles más pequeños, cada intención funciona como una semilla que crea una cosecha con frutos abundantes, placenteros y capaces de seguir expandiéndose hacia resultados más beneficiosos y exitosos.

Pero la intención no siempre se usa de forma positiva. Esta acción está integrada en la información genética y, de manera inconsciente, se resalta con mayor fuerza en acciones negativas. Por eso, la negatividad suele imponerse ante los actos de bondad: la intención negativa crea patrones de conducta que se replican fácilmente. Es por esta razón que muchas veces nos preguntamos, sin encontrar respuesta, por qué a la gente mala le va mejor que a la buena. La intención negativa es más intensa, objetiva y clara; su fuerza se enfoca con precisión para lograr cualquier acción, incluso la más dañina.

Sugerencias y consejos: danixsuarzmx@gmail.com, Instagram: encuentratuexito33.

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