COSTUMBRES LAGUNERAS QUE FORTALECEN LA VIDA EN COMÚN
A propósito de una plática con Norberto Valles -un buen compañero de la Universidad- en el que comentamos cómo después de la pandemia se han buscado alternativas de actividades al aire libre que ayudan al bienestar de las personas (como el senderismo, el avistamiento de aves, ciclismo etc.,) recordé de una costumbre lagunera que he escuchado en repetidas ocasiones: las Mañanitas de Abril.
Para comenzar comparto la premisa de que las costumbres y los rituales sociales no son simples hábitos que van y vienen, sino formas culturales que ayudan a organizar la vida colectiva, transmitir valores y fortalecer los vínculos entre las personas. Es por ello que las llamadas Mañanitas de Abril son un ejemplo valioso de cómo una costumbre regional puede contribuir a la cohesión del tejido social.
La columna "Recuerdos del Ayer", publicada por El Siglo de Torreón en 2018, describe esta práctica como una caminata que surgió a principios de la década de 1920, cuando el Camino Real entre Gómez Palacio y Lerdo fue mejorado. Según esa reconstrucción, jóvenes y adultos madrugaban para visitar huertas y sembradíos de flores, y regresaban contentos después de respirar "el aroma limpio de la mañana".
Este dato periodístico permite observar varios elementos importantes. En primer lugar, muestra que no se trataba solo de caminar. Era una práctica que unía naturaleza, paseo, salud y convivencia. Al igual que hoy (en las actividades mencionadas líneas arriba) las personas compartían el espacio, el tiempo y una experiencia agradable ligada al aire fresco y al paisaje. Esa repetición convierte la caminata en una costumbre reconocible y valorada por la comunidad.
Los aportes de Durkheim, Geertz y Turner permiten entender que las costumbres son prácticas culturales que fortalecen la identidad colectiva, la cercanía social y sobre todo el sentido de comunidad.
Otras notas de El Siglo de Torreón confirman esta función social. En 2015, el diario explicó que las Mañanitas eran una remembranza de los pobladores de Lerdo de principios del siglo XX, quienes salían desde temprano para recibir el fresco de la mañana. En 2016, otra nota señaló que las presentaciones musicales en el Parque Victoria tenían como propósito revivir las tradiciones de la región. Incluso una nota social de 2018 recordó que esta práctica era conocida en Lerdo, Gómez Palacio y Torreón, vinculada a espacios como el Parque Victoria, el Parque Morelos, la Alameda Zaragoza y el Bosque Venustiano Carranza.
Conocer aquellas costumbres, implica no solo mirar con nostalgia una tradición desaparecida, sino reconocer cómo fortalecen la vida social, en tiempos donde el aislamiento y la fragmentación son cada vez más visibles. Por ello la invitación de estas líneas es recuperar prácticas cotidianas y colectivas al aire libre, pues es justo donde se fortalece el tejido social y el bienestar de la persona.