Imagen: Facebook/ MoMo GDL
Dedicado al arquitecto Juan Lanzagorta Vallín y la comunidad del ITESO en Guadalajara
En su libro Intramuros. Arquitectura de Juan Lanzagorta Vallín (1984), el arquitecto tapatío plasma sus ideas, pensamientos y axiomas en torno a la profesión que ha ejercido durante la mayor parte de su vida.
Hace tiempo, en la universidad, por ahí de 1998, escuchaba entre voces que la labor arquitectónica de Lanzagorta era una de las más importantes del país, junto con la de otros oriundos de Jalisco. Si bien la publicación del libro antes mencionado ocurrióhace más de cuarenta años, este texto busca refrescar su impacto entre los interesados en la vida y obra del maestro.
POESÍA INTRAMUROS
El pensamiento representa para el ser humano el arma más eficaz contra la ignorancia que se ha extendido como una pandemia alrededor del mundo. Pero el pensamiento se ve paralizado por el miedo al fracaso, a tomar riesgos. Sólo los grandes personajes se atreven a poner en juego sus ideas arriesgándolo todo.
Lanzagorta es un libre pensador que ha ejercido su derecho en el campo de la arquitectura sin dudar en ser rebelde, audaz e incluso polémico. ¿Qué mejor prueba para demostrar su liderazgo? Subversivo, revolucionario, destructivo y terrible… así es su arquitectura y así es su mente. Es un rompedor de paradigmas, un incomprendido.
“¿Dónde está el poeta, el poeta arquitecto que construya una casa con dibujos de sueños?”, escribió Elías Nandino.

Los arquitectos tienen algo de poetas, o al menos así debería ser. Expresan sus ideas y sensibilidad a través de los muros que distribuyen en el espacio, tal como los poetas lo hacen con las palabras distribuidas en cada verso. Intramuros, por tanto, es un libro lleno de poesía.
La definición que presenta de la arquitectura es compleja y llena de significados. Surge de las experiencias, de los recorridos, texturas, fachadas, colores, pisos, todo ello en un solo soplo de poesía espacial.
Más que un conjunto de envolventes, la arquitectura es una forma de ver la vida. Es amar el vivir con calidad. Es amar los detalles, el orden, lo bien hecho, lo trascendente. Cuando realmente es pensada, llena los espacios de significado, desbordando los corazonesde quienes la disfrutan. Todos soñamos con vivir dentro de la verdadera arquitectura; cuando despertamos y está ahí, no queremos abandonarla nunca.
PRÓLOGO
Comparto con Fernando González Gortázar, quien está a cargo del prólogo del libro, que Juan Lanzagorta es un buen pintor y un arquitecto rebelde. Agregaría que también debemos aquilatar su aportación en el campo de la docencia, que seguramente le dará mayor peso y trascendencia a su trabajo. Hoy quedan muy pocos como él y tristemente no los valoramos.
El título de arquitecto ha perdido valor e incluso respeto dentro de nuestras sociedades. ¿Es que no nos hemos dado nuestro lugar? Más que el título, pocos tienen la vocación y la reflejan en su trabajo. La arquitectura se vuelve cada vez más apantallante, más odiosa… refleja una prosperidad inexistente.
Como dice Fernando: “Las técnicas y los sistemas de construcción recientes son, por lo común, empleados entre nosotros con un primitivismo, una irresponsabilidad y una falta de imaginación deplorables”.
Ese recelo hacia la vanguardia es razonable, ya que el mundo está lleno de mercadeo y de modas, unas malas y otras peores. La verdadera arquitectura se mantiene al margen de esto, porque su fin último —trascendente— es la felicidad.

SOBRE LA INTRODUCCIÓN
No había tenido la oportunidad de leer una carta de un arquitecto hacia sus clientes en donde la sinceridad estuviera tan a flor de piel. Enumera los aciertos, errores y satisfacciones en un ejercicio de honestidad que pocos practican en pos de crecer como hombre y como profesional.
¿Cuántas obras maestras hay alrededor del mundo que son orgullo de familias, pueblos e incluso países? ¿Cuántas se construyen ahora? ¿Cuántas se construirán mañana?
La arquitectura, como dice Lanzagorta, solo puede ser complementada con sus habitantes, solo puede ser apreciada y analizada cuando los marrazos han terminado y el silencio reina. Ahí es cuando el arquitecto se da cuenta si hubo aciertos o errores, qué hubiera podido hacer diferente.
Es de lamentar que las palabras no igualen a las sensaciones que dejan los espacios de una vivienda en cada uno de sus habitantes. Cito: “Y la intimidad —amigos— representa el significado más profundo de la casa”. ¿Pero cómo es que se habla tan poco de ella en el gremio?
“En el análisis superficial de las cosas, particularmente refiriéndonos a la arquitectura, lo intangible es confundido con demasiada frecuencia con lo inexistente o con lo inútil”, profundiza el arquitecto. “En sus desplazamientos a lo largo del espacio el cuerposiente, intuye, se orienta. Pero el hombre trasciende la simple estimulación física de sus sentidos para percibir de modo consciente las impresiones auditivas, visuales y táctiles relacionadas con objetos, con volúmenes, con la luz misma, con la sombra y el espacio”.
Es muy valioso el hecho de que Lanzagorta reflexiona sobre todas sus obras realizadas —hasta esa fecha— en forma de diálogo amigable, dejando una huella honda en la consciencia de sus lectores.

ALGUNAS OBRAS
De las enlistadas en el libro, destacan obras como las casas de Ramón Dipp Murad, Guillermo Cervantes González, Enrique Aldana Pérez, Guillermo Carter Pietsch, César E. Uribe Vera, Alfonso Ferrete Suárez, Ismael Dávila Espinosa, Concepción Vallín de Lanzagorta o el Centro de Estudios Teológicos de los Salesianos de Don Bosco. A continuación, dos de estos proyectos descritos brevemente: Casa de Guillermo Cervantes González. Pareciera que el arquitecto partió del centro del predio y acomodó la distribución de forma radial. Tres patios refrescan las atmósferas y hacen “respirar” a los interiores. El comedor en el lado oestedisfruta de una hermosa terraza. A la planta alta se llega a través de una escalera recta y acuchillada integrada al área del vestíbulo. Del lado sur hay recámaras con sanitario y clóset, y del lado norte hay un estudio que ocupa un lugar apartado y silencioso con tres ventanas de diseño muy original, lo cual rompe la ortogonalidad de la planta. El elemento que le da mayor dinamismo a la composición volumétrica de esta casa es la escalera que, como flecha, conecta los espacios.
Casa de Enrique Aldana Pérez. La ubicación del volumen principal está prácticamente en la parte media del predio, casi en forma perfectamente rectangular. El acceso oriental es discreto y va a dar a un espacio con doble altura donde están la sala, la terraza y el vestíbulo. El estudio, por otro lado, se encuentra del lado oeste y mira al norte, hacia el jardín posterior. Lo que le da sentido a la residencia es la doble altura antes mencionada y la presencia de vegetación en el interior, en un área abierta en la parte superior. Además, la orientación de la escalera principal rompe con lo ortogonal del espacio y le da riqueza. En planta alta, la casa cuenta con tres recámaras con sus respectivos sanitarios. Estas tienen ventanas hacia dentro y hacia afuera, un detalle que rompe la monotonía.
Cito a González Gortázar: “Su edificación responde a valores auténticos de búsqueda espiritual profunda e imperecedera que mucho difieren de las transitorias superficialidades del más implacable de todos los agentes de cambio: la moda, que no trata de edificarla casa adecuada para una familia, sino en ocasiones es el comunicante inmediato de una ostentación económica”. En efecto, la arquitectura se ha vuelto una máscara para mostrar un estatus, algo que nada tiene que ver con lo que realmente debería ser. Hay una falta de ética muy generalizada en pos de la ganancia fácil, la tranza y la corrupción. ¿Hasta cuándo?
“No se trata ya de integrar el arte a la ciudad, sino hacer de la ciudad una obra de arte”, señala González Gortázar, quien lamentaba que la arquitectura tuviese tantos técnicos y tan pocos poetas.
jatovarendon@yahoo.com