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Se le llama “cuesta de enero” a esa cruda realidad a la cual nos enfrentamos cuando el año nuevo empieza con la carga de los gastos excesivos y las deudas acumuladas durante el mes de diciembre. Al llegar enero comienza el pago de impuestos y el aumento de los costos de productos y servicios, lo que trae como consecuencia desestabilización económica y emocional.
Este término no es nuevo; se remonta a la tercera parte del siglo XIX, específicamente al mundo de las artes escénicas, cuando el público que consumía teatro disminuía en enero por los gastos que habían tenido previamente en regalos navideños para la familia, provocando una ligera crisis en las taquillas. Sin embargo, a inicios del siglo XX el concepto dejó de encasillarse en un solo ámbito y pasó a ser lo que conocemos hoy en día.
EL FACTOR EMOCIONAL
De acuerdo con la Secretaría de Salud, alrededor de 15 millones de personas —en su mayoría adultos jóvenes— padecen algún trastorno mental, entre los que destacan los diagnósticos de depresión y ansiedad. La institución resalta que dichas afecciones incrementan aproximadamente en un 40 por ciento al llegar la cuesta de enero.
Son varios los factores que se relacionan con este fenómeno, pero uno de los que más resuenan es la presión que se siente, cada año nuevo, de ser —o al menos comenzar a ser— una versión mejorada de nosotros mismos. Hacer ejercicio, comer sanamente y no tener deudas forman parte del nuevo estilo de vida que se busca en esta temporada.
Pero el golpe emocional sucede cuando, después de pasar días de felicidad en compañía de los amigos y la familia, compartiendo tiempo y experiencias, llega la hora de enfrentarse nuevamente a la realidad de la rutina diaria.
Por otra parte, hay quienes se sienten decaídos desde diciembre por cuestiones médicas, debido, por ejemplo, a la presencia de enfermedades crónico-degenerativas y limitaciones motrices que complican los momentos de recreación y convivencia, aunque este sentir se produce principalmente en adultos mayores. En cambio, entre los jóvenes es más frecuente que el aislamiento social sea la causa de un estado anímico vulnerable en estas fechas.
A estas situaciones, e incluso en aquellos casos de bienestar emocional decembrino, suelen añadirse, como ya se mencionó, los gastos excesivos de las festividades navideñas. El fácil acceso al dinero en esos días crea una sensación de satisfacción que conduce fácilmente al derroche. Sin embargo, se trata de algo momentáneo, pues dicho sentimiento se transforma en preocupación cuando llegan los compromisos financieros y las alteraciones emocionales antes descritas. De acuerdo con el doctor en psicología Alfredo Ocaña Hernández, esta irresponsabilidad económica puede resultar después en culpa y arrepentimiento, afectando incluso aspectos de la salud física, como cambios abruptos en el peso corporal.
PRECAUCIONES
El portal del Gobierno de México señala algunos puntos que se deben considerar para evitar caer en la cuesta de enero:
Definir metas claras. Establecer metas financieras a corto y largo plazo, planificar los gastos y crear estrategias que ayuden al cumplimento de los objetivos.
Crear un presupuesto. Para administrar mejor el dinero, es necesario definir las cantidades que se van a dedicar a las distintas áreas de la vida, siempre en concordancia con lo que se tiene a disposición. Se deben hacer cálculos de acuerdo a los ingresos reales y dividir por secciones todos los pagos pendientes, tomando en cuenta los gastos fijos y los variables.

Tener cuidado con los créditos financieros. Aceptar créditos no es una decisión que deba tomarse a la ligera. No se trata sólo de acceder a la cantidad que ofrecen, sino que hay que analizar antes las tasas de interés, el costo anual total del préstamo (incluyendo comisiones) y las tablas de amortizaciones. Y, sobre todo, tramitarlos en instituciones que se encuentren debidamente reguladas, como lo son los bancos.
Comprar con inteligencia. Evitar gastos hormiga y compras innecesarias significa un gran respiro para el bolsillo. Es importante no excederse en adquisiciones prescindibles. Sí, los regalos son una tradición prácticamente ineludible en diciembre, pero hay que establecer un límite en el presupuesto para no descarrilar las finanzas personales.
Gestión de ingresos adicionales. A finales del año e inicios del siguiente se suelen recibir ingresos extra, como el monto acumulado de alguna caja de ahorros, el aguinaldo o bonos de productividad, de puntualidad, etcétera. Es indispensable no verlos como un “permiso” para gastar sin pensar. La buena organización de estos extras evitará que se generen los tan temidos gastos hormiga. Si estos ingresos se destinan a darse “un gusto”, es mejor que sea algo premeditado.
Evitar impulsos. En las épocas decembrinas resulta común encontrar ofertas llamativas por todas partes, sin embargo, analizarlas oportunamente determinará si en realidad son convenientes. Evitar dejarse llevar por la emoción del momento es la clave para tener éxito.
Equilibrio entre ahorros y deudas. Hay quienes aseguran que lo mejor es pagar las deudas existentes antes de comenzar un ahorro, y de ahí iniciar un fondo de emergencias que reciba aportaciones graduales cuando haya posibilidad de hacerlo.
CONSEJOS
Ahora bien, si ya nos encontramos viviendo la complicada cuesta de enero, los expertos aseguran que el primer paso para salir librados de ella es reconocer que estamos en una crisis financiera. La aceptación es fundamental para superar cualquier obstáculo; no se trata de una derrota, sino de un acto de responsabilidad que permite dejar el rol de víctima de las circunstancias y dar paso a la búsqueda de soluciones.
Si la crisis lo amerita, no hay que escatimar en buscar ayuda profesional. Invertir en un contador o hasta en un psicólogo no es un gasto más, es una decisión que abre camino para un futuro de mayor balance económico, mental y emocional.
Una vez que se han empezado a tomar medidas para contener los daños y restablecer el bolsillo, es útil llevar apuntes sobre los avances logrados. La motivación para seguir adelante suele ser frágil cuando no se ven resultados inmediatos, sin embargo, recurrir a los registros y visualizar todos los avances, por más pequeños que parezcan, servirá como estímulo para seguir en el proceso de recuperación. Es un apoyo psicológico que fortalece la disciplina.
Para evitar caer nuevamente en la cuesta de enero, resulta vital identificar los impulsos que nos llevan a comprar cosas innecesarias. Es necesario realizar un proceso de introspección y, de esta manera, detener el consumismo.
Establecer prioridades constituye el pilar más importante para la responsabilidad económica, así como crear estrategias para cubrir las deudas. Al realizar los pagos pendientes más grandes y tener mayor claridad del futuro, la sensación de tranquilidad comenzará a aparecer.

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