Transcromía circular (2019) en la Plaza de la Concordia en París. Imagen: Atelier Cruz-Diez
La propuesta plástica de Carlos Cruz-Diez y la fenomenología de la percepción sistematizada de Maurice Merleau-Ponty tienen una estructura similar: ambas critican el racionalismo cartesiano y la tradición que percibe al mundo como un teatro estático, conocidoy predecible por la mente. Merleau-Ponty traslada la conciencia al cuerpo vivido, a su capacidad pre-reflexiva y motriz.
No pensamos el mundo, lo vivimos; no lo deducimos, lo habitamos, como en el arte cinético de Carlos Cruz-Diez, en el que laobra deja de ser una representación para transformarse en un evento que verifica, en vivo, la inestabilidad constitutiva de lo visible.
A través de experimentos con luz, movimiento, espacio e interacción con el espectador, Cruz-Diez exploró la manera en que el color se vive, pues lo planteaba como una experiencia en sí misma.
Las investigaciones constantes del venezolano sobre la naturaleza efímera y transformable del color lo convirtieron en uno de los precursores del arte cinético y el arte óptico, movimientos internacionales de mediados del siglo XX que estudiaron la percepción visual y la participación del espectador respecto a las obras.
LA CRISIS DE LA REPRESENTACIÓN Y LA INVENCIÓN PURA
Cruz-Diez parte de un agotamiento ético y estético surgido de sus inicios en el realismo social, donde encontró que la pintura figurativa era insuficiente. Retratar la miseria no bastaba para eliminarla o siquiera representarla. Este tipo de expresión plásticasólo le ofrecía una realidad que no cambiaba, un instante que negaba el devenir. Esa limitación puede pensarse en analogía con la crítica de Merleau-Ponty hacia la ciencia objetiva que, al manipular las cosas, renuncia a vivirlas. Del mismo modo, el arte figurativo,al manipular la imagen, renuncia a la presencia viva del fenómeno que pretende representar.
Esta crisis llevó al artista a una ruptura, ya que el arte, a su parecer, debía ser invención pura que produjera objetos autónomos, los cuales, a su vez, generaran nuevos comportamientos. Dicha epifanía surge de la experiencia perceptiva originaria, lo que la fenomenología llama suelo primordial. La luz filtrándose a través de los cristales de la fábrica familiar o el color del atardecer eran una revelación de que el color es una entidad inestable, atmosférica, que la pintura académica, con su obsesión por la forma y la línea, había domesticado y silenciado.

LA LIBERACIÓN CROMÁTICA
Para liberar al color de la forma, Cruz-Diez elaboró una apología técnica que funcionaba como una trampa fenomenológica. La línea es fija y el color es vibración. En el lenguaje del artista, la línea encierra y la vida es mutabilidad. Su respuesta plásticapasa por la creación de soportes que permitan al color vivir como un organismo. Las reglas del color aditivo y de la inducción cromática son las herramientas de esta liberación. Cruz-Diez manipula la mezcla óptica. Al superponer planos verticales de colores complementarios (rojo y verde, por ejemplo) y al adelgazarlos hasta el límite de la legibilidad, la retina del observador crea un tercer color virtual que no está presente físicamente en la superficie.
Esta percepción, cercana a la ilusión óptica, es la confirmación empírica de la tesis merleaupontiana. El ojo es un órgano activo que completa la realidad. La inducción cromática prueba que todo plano radia y transforma a su contiguo. Al fragmentar la superficie en líneas, el artista expone este contagio mostrando que la identidad de un color es relativa, no absoluta.
EL CUERPO VIVIDO Y LA MECÁNICA DE LA FISICROMÍA
La noción de espacialidad de Merleau-Ponty se refiere al espacio orientado por el cuerpo y sus posibles acciones. La serie Fisicromías de Cruz-Diez radicaliza este concepto.
Construidas con láminas verticales que atrapan la luz y el color en ángulos precisos, estas estructuras carecen de una imagen única. Aquí se establece una dialéctica fundamental: la pieza está hecha matemáticamente por el artista, pero para que se concrete es necesario el movimiento del espectador. Si el sujeto se detiene, la obra “muere” en una imagen fija; si camina, esta se extiendea una gama infinita de variaciones.
Es así que la visión se convierte en un acto de exploración.
El venezolano destruye el punto de fuga único establecido en el Renacimiento, pensado para un espectador inmóvil, y “democratiza” la visión haciendo posible innumerables recorridos a partir de una misma obra.
AMBIGÜEDAD Y SUSPENSIÓN
Paul Crowther, filósofo británico, argumenta que el arte tiene la capacidad de suspender el pragmatismo, permitiendo que el sujeto reexamine su contacto con el mundo. Esta suspensión fenomenológica alcanza su máxima expresión en la serie Cromosaturaciones.
Al sumergir al individuo en cámaras de color monocromo absoluto (azul, rojo, verde), se borran los referentes que normalmente usamos para determinar el espacio (aristas, sombras, horizontes).
En esta situación, el ojo, privado de formas que interpretar, entra en un estado de crisis. La retina, saturada por una sola longitud de onda, comienza a generar colores compensatorios, y el cerebro experimenta la materialidad del color con una densidad tangible, anterior a la cultura y al lenguaje. El espectador ya no ve una pared azul, “está en el azul”.
La distinción sujeto-objeto se vuelve una experiencia de inmersión. Con ello, Cruz-Diez busca despertar una sensibilidad ancestral, libre de los códigos sociales, donde lo único que importa es la capacidad biológica de reaccionar ante el estímulo de la luz.

LO EFÍMERO EN EL ESPACIO SOCIAL
La obra de Cruz-Diez también plantea una ética ciudadana. La ciudad contemporánea y utilitarista convierte al ser humano en un autómata funcional. La intervención cinética en espacios públicos (pasos peatonales, muros, plazas o grandes instalaciones eléctricas) es un dispositivo de desprogramación. Como sitios de sublimación en el recorrido diario, las obras interrumpen la rutina para ofrecer una experiencia estética. Al hacer piezas que cambian con el desplazamiento del espectador, el artista le recuerda al transeúnte que la realidad es una construcción en la que él interviene en un espacio compartido y transformable.
Esa neutralidad ideológica de Cruz-Diez es la manera de hacer de su trabajo un soporte abierto a que cada individuo proyecte en él su energía. La fugacidad del arte cinético niega la permanencia autoritaria de las tradicionales esculturas de bronce que se colocan en el espacio urbano. Aceptar la impermanencia es aceptar la realidad de la vida: todo cambia. El arte debe morir y nacer a cada instante, así como la percepción.
INTEGRACIÓN ARTE-VIDA
Crowther, siguiendo a Merleau-Ponty, define el estilo como una “deformación coherente” de lo real que permite acceder a una verdad situada. El estilo de Cruz-Diez se caracteriza por el rigor, la repetición serial y la supresión de la gestualidad romántica. Al borrar su ego y utilizar métodos casi industriales, busca una intimidad mayor con el espectador. Esta coherencia existencial refuerza el sentido de su obra: no hay separación entre pensar, ver y hacer. Hizo máquinas de visión diseñadas para revelar lo que la costumbrenos oculta.
Cruz-Diez, leído desde la fenomenología, muestra que la belleza no es una propiedad de las cosas, sino un acontecimiento que sucede en el encuentro, posibilitando nuevas maneras de percibir la única realidad que existe.
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