Llama Iglesia de Monclova a vivir la libertad con responsabilidad
Durante la misa dominical celebrada en la parroquia Santiago Apóstol de Monclova, el diácono Juan Antonio Martínez Sánchez exhortó a los fieles a reflexionar sobre la libertad como un don que implica responsabilidad, recordando que cada persona puede elegir entre el bien y el mal.
El mensaje se centró en la importancia de orientar el corazón hacia Dios y vivir la fe más allá del simple cumplimiento de normas.
El también titular del área de formación del Seminario Diocesano de Saltillo explicó que las lecturas del día giraron en torno al concepto de libertad, destacando que Dios pone delante de cada persona la posibilidad de elegir. Señaló que esta enseñanza, presente desde el Antiguo Testamento, invita a un examen de conciencia constante.
Indicó que con frecuencia las personas atribuyen a Dios situaciones que son consecuencia de sus propias decisiones, cuando en realidad cada ser humano cuenta con la capacidad de escoger el camino que desea seguir.
La libertad orientada al amor y la caridad
El diácono subrayó que la verdadera plenitud no se encuentra únicamente en cumplir mandamientos, sino en vivirlos desde la caridad y el amor. Explicó que Jesucristo no vino a abolir la ley, sino a darle plenitud a través del amor a Dios y al prójimo.
Añadió que el llamado del Evangelio es radical, al invitar a alejarse de aquello que conduce al pecado y a optar decididamente por el bien. Aclaró que estas expresiones no deben interpretarse de manera literal, sino como una exhortación firme a vivir con coherencia.
También resaltó la importancia del perdón y la reconciliación, recordando que antes de presentar una ofrenda es necesario buscar la paz con los hermanos. Dijo que un corazón libre es aquel que sabe perdonar y dejar atrás rencores.
Un corazón que descanse en Dios
Martínez Sánchez invitó a los asistentes a preguntarse si se sienten verdaderamente felices, no desde una visión material, sino desde la paz que proviene de Cristo. Señaló que muchas cargas, como la culpa o el remordimiento, pueden entregarse a Dios con humildad.
Finalmente, citó a San Agustín al recordar que el corazón humano está inquieto hasta que descansa en Dios, exhortando a los fieles a confiar sus problemas y preocupaciones al Señor, especialmente durante la celebración eucarística, como un acto de fe y esperanza.