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Los reveses del aspiracionismo exacerbado

La salud mental se desmorona cuando el individuo no es capaz de separar sus metas personales de las expectativas sociales en un mundo hiperconectado. Las comparaciones, entonces, se vuelven su peor enemigo.

Imagen: Freepik

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PRISCILA CASTAÑEDA

El ser humano necesita metas para crecer. La psicología clínica reconoce que la fijación de objetivos es un motor fundamental del desarrollo personal y profesional. Sin embargo, cuando las aspiraciones dejan de ser un proyecto propio y se convierten en una exigencia social, el resultado puede ser devastador para la salud mental. Este fenómeno, en algunos entornos conocido como “aspiracionismo exacerbado”, se sitúa en la frontera entre la legítima búsqueda de superación y la frustración que emerge de compararse constantemente con los demás.

No debe confundirse con tener aspiraciones. La diferencia radica en la fuente de la motivación: lo que se establece como metas personales ha de surgir de valores internos, intereses genuinos y proyectos vitales, diferenciándolo así de las expectativas sociales, pues estas son impuestas desde fuera, a través de modelos de éxito estandarizados.

Cuando las metas se alinean con la identidad propia, generan satisfacción y resiliencia. En cambio, cuando se persiguen logros sólo para cumplir con estándares externos, aparecen la frustración, la ansiedad y la sensación de insuficiencia. Estudios recientes  señalan que la discrepancia entre la vida real y la vida deseada puede convertirse en un factor de riesgo para trastornos depresivos y ansiosos.

Es necesario celebrar otras formas de realización más allá del éxito material y visible, como el bienestar emocional. Imagen: Unsplash/ Anastasiia Rozumna
Es necesario celebrar otras formas de realización más allá del éxito material y visible, como el bienestar emocional. Imagen: Unsplash/ Anastasiia Rozumna

ADMIRACIÓN VERSUS VERGÜENZA DE UNO MISMO

La admiración hacia figuras inspiradoras puede ser saludable: motiva, abre horizontes y ofrece modelos de referencia. El problema surge cuando la admiración se transforma en una sensación de vergüenza de la propia identidad. Establezcamos las diferencias: mientras la acción de “admirar” suele ser un relato inspirador —por ejemplo, “cómo esa persona logró equilibrar su vida laboral y personal”—, el avergonzarse de uno mismo construye una narrativa incapaz de crear mecanismos de acción, por ejemplo: “nunca seré suficiente porque no tengo lo que ella tiene”.

La psicología describe este proceso como una internalización de estándares externos que termina por erosionar la autoestima y genera un ciclo de comparación constante. Este ciclo es tremendamente nocivo para la persona que lo padece, ya que será incapaz de observar y reconocer los logros que sí ha tenido, las dificultades que ha vencido y las herramientas que pueden darle poder. La victimización impedirá que el individuo asuma responsabilidades sobre sus propias condiciones.

COMPARACIONES COMO GENERACIÓN DE ANSIEDAD

La comparación social es un mecanismo natural. Sin embargo, en el contexto actual de hiperconectividad, este mecanismo se ha intensificado a través del uso de redes sociales, que muestran versiones editadas de la vida, donde los logros se magnifican y los fracasos se ocultan. Los influencers exhiben estilos de vida lujosos, generando una percepción en sus seguidores que, en muchos casos, no corresponde a la realidad.

Otro contexto donde surgen las comparaciones serían las conocidas reuniones de excompañeros de la escuelalas que se presume el cargo, el salario o la familia perfecta, dejando fuera otras formas de realización como el bienestar emocional o la vida comunitaria. La consecuencia es que quienes no tienen “nada que presumir” optan por el aislamiento social, reforzando sentimientos de inferioridad y soledad. Esto se debe, en gran parte, a entornos laborales en los que la cultura del “éxito visible” premia la productividad extrema y la acumulación de logros, invisibilizando cualquier desgaste emocional.

En la práctica clínica se observa que el aspiracionismo exacerbado se refleja en un aumento de problemáticas relacionadas con ansiedad, especialmente en pacientes que evitan la exposición social por miedo a ser juzgados. También puede derivar en comorbilidades como trastornos depresivos —cuadros que emergen tras comparaciones constantes con pares más exitosos—e incluso en trastornos de la personalidad. En casos extremos, la necesidad de aparentar se traduce en rasgos narcisistas o dependientes.

El aspiracionismo exacerbado también puede dañar el bolsillo cuando se gasta más de lo debido en
aparentar un estilo de vida superior ante los demás. Imagen: Unsplash / Rupixen
El aspiracionismo exacerbado también puede dañar el bolsillo cuando se gasta más de lo debido en aparentar un estilo de vida superior ante los demás. Imagen: Unsplash / Rupixen

EL COSTO

El aspiracionismo exacerbado no sólo afecta la salud emocional, sino también la economía personal, pues empiezan a generarse deudas para adquirir bienes o servicios que sostengan una imagen de éxito. Aún más costosas suelen ser las afectaciones  emocionales: se desarrolla una ansiedad crónica al vivir en constante tensión por mantener una fachada, pues se siente que la valía depende de la aprobación externa.

La literatura clínica advierte que este tipo de dinámicas pueden incluso derivar en un trastorno de ansiedad generalizada, depresión y problemas de autocontrol financiero, llevando al sujeto a conductas desadaptativas que no solamente perjudican a quien las padece, sino a sus allegados: la insatisfacción tiende a proyectarse sobre las personas que tienen un camino independiente, manifestándose esto o la universidad. Son espacios que deberían ser de reencuentro, pero se convierten en vitrinas de éxito en en una constante desaprobación y descalificación por las acciones o las decisiones de quienes están a su alrededor, principalmente los hijos o la pareja.

GRATIFICACIÓN Y MEDICIÓN EXTERNA

Es natural sentir gratificación al alcanzar un logro. La dopamina y otros neurotransmisores refuerzan la motivación y el aprendizaje cuando esto sucede. El problema aparece cuando esa recompensa emocional se condiciona exclusivamente a la comparación con otros.

Una manera de experimentar saludablemente esta gratificación es a través de la introspección y la aceptación: “Me siento orgulloso de haber terminado mi proyecto”. Un caso contrario podría ser: “No vale la pena porque mi logro es menor que el de los demás”, distorsionando por completo el sentido de haber conseguido algo.

La psicología clínica enfatiza que medir la valía personal con “la misma vara” que los demás conduce a la anulación de la identidad propia.

Es natural sentir gratificación al alcanzar una meta, siempre y cuando esta nazca de valores y deseos propios, y no de imposiciones externas. Imagen: Freepik
Es natural sentir gratificación al alcanzar una meta, siempre y cuando esta nazca de valores y deseos propios, y no de imposiciones externas. Imagen: Freepik

ABORDAJE TERAPÉUTICO

Lo más recomendable en terapia son los enfoques contextuales. Técnicas como la reestructuración cognitiva —cuestionar creencias irracionales sobre el éxito—, ejercitar las habilidades relacionadas con la autoestima para fortalecer la identidad propia de la mano de una consistente psicoeducación, son los ejes vitales para que la persona pueda recuperar la paz y la confianza en sí misma. O en caso necesario, construirla desde cero.

El aspiracionismo exacerbado es un fenómeno contemporáneo que refleja la tensión entre la legítima búsqueda de metas y la presión social por aparentar. La psicología clínica advierte que, aunque la gratificación por los logros es natural, no es recomendableanular la propia identidad midiendo la valía propia con las expectativas ajenas.

En un mundo hiperconectado, donde las redes y los espacios sociales amplifican la comparación, es urgente recuperar una mirada amable del desarrollo personal. La verdadera salud mental no se mide en cargos, bienes o seguidores, sino en la capacidad de vivir con autenticidad, dignidad y equilibrio.

marteda@gmail.com

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