Imagen: Unsplash/ Seyi Ariyo
Si bien todo tatuaje es una aplicación permanente de tinta sobre la piel, el significado de esta práctica varía con cada época, lugar, cultura e individuo. Para los polinesios eran una forma de protección espiritual, y quienes los portaban lo hacían con orgullo, al igual que en el Antiguo Egipto.
Con el incremento de la influencia de la religión cristiana, esta visión se fue modificando hasta que las marcas en la piel se volvieron sinónimo de impureza. De ahí nacieron muchos de los estigmas sobre los tatuajes que todavía prevalecen hoy en día y que los relacionan directamente con la delincuencia.
Sin embargo, en la segunda mitad del siglo XX alcanzaron una gran popularidad al ser portados por miembros de subculturas urbanas, como el rock y el punk, que desafiaban lo normativo.
El mundo artístico tuvo mucho que ver en la evolución del significado de los tatuajes. Los cantantes o actores mostraban sin miedo los diseños que llevaban en el cuerpo, logrando que un público cada vez más amplio los aceptara y los viera como una forma de expresión en lugar de un símbolo criminal.
Con el paso de los años, estas marcas permanentes fueron adoptadas por otros grupos sociales, como estudiantes y profesionistas, lo cual también ayudó a que cambiara la percepción general sobre ellos. Ahora representan una manifestación de la personalidad del individuo.
Esto ha traído oportunidades para los tatuadores, que han adquirido mejores herramientas y técnicas para realizar sus trabajos, brindando a los consumidores una seguridad y una garantía de profesionalismo que se traducen en mayores ganancias para quienes ofrecen este servicio. Asimismo, han surgido diferentes estilos, acercando el oficio al quehacer artístico.

TATUARSE A CONCIENCIA
Con la evolución en la técnica, calidad y percepción de los tatuajes, ha surgido la necesidad de ser conscientes sobre lo que plasmamos sobre la piel.
De acuerdo con la psicóloga Lara Pacheco, realizarse un tatuaje es un acto íntimo, pues es exponer el cuerpo a algo que va a estar siempre presente —aunque en la actualidad ya existen tratamientos dermatológicos que los eliminan, estos son costosos y toman bastante tiempo.
Decidir el diseño, el tamaño, los colores y la parte del cuerpo donde se va a aplicar es un acto de conciencia. Aunque hay quienes lo hacen solo por estética o moda y quienes buscan que sea un recuerdo de algún acontecimiento importante para ellos, Lara Pacheco asegura que en ambos casos suele haber un momento importante de reflexión.
MINIMALISMO
Con las redes sociales, el estilo minimalista cobró popularidad. Bajo la premisa de que “menos es más”, se ha buscado crear conciencia sobre lo que consumimos, por ejemplo, en cuanto a ropa y accesorios. Aunado a esta tendencia se propagó el clean look, una manera de vestir y maquillarse que pretende reflejar una apariencia fresca y natural. Es una moda impulsada mayormente por países asiáticos, como Corea del Sur o Japón, y que se relaciona indirectamente con los tatuajes, pues se han adaptado a esa búsqueda de pulcritud.
Como consecuencia, desde la década pasada son cada vez más solicitados los trazos pequeños, simples y sutiles, que casi siempre se conforman de figuras geométricas, líneas finas y elementos básicos. Lo que se persigue con esta corriente es comunicar elegancia y discreción, plasmando un símbolo identitario sin hacer tanto “ruido” en la piel.
En los últimos años, los diseños minimalistas con más auge han sido aquellos relacionados con la naturaleza o que muestran una sola palabra —generalmente en otro idioma— con un significado fuerte, por ejemplo: strong (fuerza) o freedom (libertad).
El minimalismo también forma parte del proceso de desestigmatización de los tatuajes, pues se volvió la alternativa perfecta para quienes deseaban hacerse algo en el cuerpo sin llamar tanto la atención o que pudieran ocultar si se sentían señalados.

Las personas que optan por este estilo generalmente eligen diseños con mayor peso emocional, como nombres o fechas importantes, y casi siempre es la opción por excelencia para quienes van a intervenir su piel por primera vez.
Para esta técnica existen tatuadores especializados, pues la finura de los trazos reclama la pericia de expertos.
BLACKOUT
Del otro lado de la balanza se encuentran los tatuajes blackout, es decir, aquellos que cubren completamente de negro la zona del cuerpo donde se realizan. Aunque no existe un registro claro del origen de esta técnica, se cree que surgió en la década de los ochenta, cuando se comenzó a explorar más esta manifestación creativa.
Cuando esta tendencia empezó a extenderse, era la opción predilecta para quienes deseaban cubrir un tatuaje previo, pero hoy ha ganado tanta popularidad que ya se busca como diseño principal.
El contraste que genera el blackout lo convierte innegablemente en algo llamativo. Actualmente es común aplicarlo en forma de figuras abstractas o geométricas, pero también hay quienes optan por cubrir de negro toda la superficie que abarca.
Debido a su complejidad técnica se suele requerir más de una sesión para obtener el tono deseado sin comprometer la sanación adecuada de la herida. Sin embargo, más allá del debate sobre el valor estético de este tipo de tatuajes, los profesionales de la salud advierten que pueden generar dificultades, no tanto porque la tinta sea dañina, sino que al tratarse de plastas oscuras sobre la piel, pudieran impedir la detección temprana de enfermedades cutáneas al ocultar cualquier cambio en la dermis.
Aunque los estereotipos sobre las personas tatuadas no se han eliminado por completo, sin duda es una práctica que ha evolucionado hasta alcanzar el estatus de expresión artística. Quienes hacen de esto su profesión permiten a sus clientes llevar una parte de su identidad siempre visible sobre la piel.

Instagram: @katherine.x.