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Mujeres en el trabajo remoto

Pese a ofrecer mayor autonomía y oportunidades económicas, el teletrabajo intensifica la carga de la llamada “doble jornada”, la cual reúne las exigencias profesionales con la persistente responsabilidad del hogar que se delega al género femenino.

Imagen: Freepik

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KATHERINE BRICEÑO

El término home office, que en español significa “trabajo desde casa”, no es una expresión nueva nacida con la era digital. De hecho, sus raíces se remontan a décadas atrás, cuando los hogares no solamente eran el lugar de descanso, sino que también eran centros de trabajo. Los tradicionales oficios como la sastrería, la herrería o la carpintería solían llevarse a cabo en el lugar que la persona habitaba.

Con el pasar de los años y la aparición de la tecnología, la definición de este término empezó a tomar otro significado, especialmente a partir del confinamiento global derivado de la pandemia de covid-19 en el año 2020, cuando esta modalidad laboral se extendió de una manera sin precedentes.

Hoy en día, resulta común que las empresas anuncien vacantes de este tipo de forma permanente en su esquema de operación. Y es que, de acuerdo con una encuesta de la IAE Business School, mientras el mundo se encontraba en crisis sanitaria, aproximadamente el 68 por ciento de la fuerza laboral mexicana se vio orillada a unirse al también llamado trabajo remoto. El impacto de este cambio fue tan grande que incluso el gobierno tuvo que crear leyes para la correcta regulación del home office, por ejemplo, se especificó el derecho a la seguridad social y al suministro de las herramientas de trabajo.

Anteriormente esta modalidad se consideraba un privilegio exclusivo del sector tecnológico, pero ahora que la tecnología tiene un papel preponderante en prácticamente todas las industrias, ya es la opción predilecta para aquellos que buscan mayor autonomía y control sobre su tiempo. Por ejemplo, para las madres solteras, el trabajo remoto representa una oportunidad para subsistir manteniendo un equilibrio con su vida personal. Asimismo, combinar las herramientas digitales con el emprendimiento se convirtió en un camino viable para generar ingresos a través de la venta de productos como comida y repostería, maquillaje y accesorios, oartículos por catálogo.

Pero si bien esto les permite, de cierta forma, ser dueñas de su propio tiempo y organizar mejor sus responsabilidades, también es una realidad que trae consigo una inestabilidad financiera. Los ingresos varían según las temporadas altas o bajas, provocando incertidumbre económica y, por ende, limitando los planes a futuro. 

El trabajo desde casa no nació con las nuevas tecnologías, sino con
oficios tradicionales como la sastrería o carpintería.
Imagen: Unsplash/ Tomas Petz 
El trabajo desde casa no nació con las nuevas tecnologías, sino con oficios tradicionales como la sastrería o carpintería. Imagen: Unsplash/ Tomas Petz

EL ENTORNO DOMÉSTICO

Incluso cuando trabajar desde casa pretende potenciar la eficiencia tanto para las empresas como para los empleados, para las mujeres todavía representa un reto debido a las aún existentes desigualdades de género. En México, según datos reportados en 2023 por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), las mujeres destinan alrededor del 63.4 por ciento de su tiempo a labores domésticas, y el restante a su desarrollo profesional, mientras que los hombres únicamente emplean el 26.9 por ciento de su tiempo en actividades del hogar.

Esto genera una sobrecarga para las mujeres, limitándolas de este modo en el ámbito laboral. Muchas de ellas se ven obligadas a pausar o desistir por completo de sus metas y aspiraciones profesionales para atender sus hogares, una desigualdad que el trabajo remoto no ha resuelto.

Una de las principales dificultades de esta modalidad es la falta de una adecuada infraestructura. En el particular caso de las mujeres, este obstáculo se entrelaza con la expectativa de “estar siempre disponibles”. Los roles de género, aún arraigados en el imaginario colectivo, generan la falsa creencia de que, por el hecho de estar físicamente en la casa, las mujeres pueden —y deben— atender tareas como la limpieza, la cocina y el cuidado de los hijos al mismo tiempo que se dedican a su trabajo remunerado.

Además, al tratarse de un modelo que es relativamente nuevo en distintas regiones, no se le valora adecuadamente. Se suele olvidar que, aunque no necesite de presentarse en un centro laboral, sigue siendo un empleo formal que exige el cumplimientode horarios, metas y objetivos. Es en este momento que un nuevo concepto aparece: la “doble jornada”, que se refiere a la expectativa de que las mujeres mantengan el mismo nivel de productividad en sus trabajos a la par que realizan actividades del hogar, mientras en la mayoría de los casos se ven interrumpidas por su misma familia durante sus labores profesionales. Esta desorganización, además de agotadora, crea consecuencias como las siguientes:

• Disminución del rendimiento debido a las interrupciones.

• Conflictos laborales al bajar la productividad.

• Largas jornadas al no organizar adecuadamente ambos ámbitos. El trabajo suele aplazarse para atender responsabilidades personales o familiares; incluso, en algunos casos el descanso se vuelve inexistente.

Uno de los mayores retos del home office, especialmente para el género femenino, es crear un espacio adecuado y sin interrupciones para trabajar. Imagen: Unsplash/ Zoe Imagen:
Uno de los mayores retos del home office, especialmente para el género femenino, es crear un espacio adecuado y sin interrupciones para trabajar. Imagen: Unsplash/ Zoe Imagen:

NECESIDAD DE BARRERAS

Resulta imprescindible marcar límites claros y saludables ante el trabajo remoto. Poner una barrera que divida de forma justa los quehaceres personales y laborales es también una forma de apoyar la salud mental. Sin embargo, en una sociedad donde el machismo aún no se elimina por completo, estos límites son complicados de aplicar para las mujeres y, sobre todo, para aquellas que son madres, pues en ellas recae el peso de la gestión del hogar.

Otra de las preocupaciones en estos temas es el miedo a no tener crecimiento laboral. Muchas trabajadoras perciben que hacer home office reduce de forma considerable sus oportunidades de ascenso, pues al no estar presentes físicamente en una oficina, temen ser “invisibles” para sus superiores.

Para que la modalidad remota siga siendo una buena opción para ellas, que no les genere más problemas de los que ya hay, es necesario que las empresas creen lineamientos para obtener resultados que sean beneficiosos para patrón y empleado, y que a su vez puedan contribuir a que la población acepte que el home office no le quita formalidad a un empleo. Lejos de crear más estrés, puede ser una alternativa de salvación para muchas. Es necesaria la cooperación de la sociedad para eliminar estigmas y otorgar la importancia debida a la participación de las mujeres en el trabajo, sin importar la modalidad.

Instagram: @katherine.x.

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