"Si en la vida alcanzaste todos tus objetivos, es porque seguramente no fueron lo suficientemente retadores…", Herbert von Karajan.Si pensamos en íconos históricos del deporte o del arte, podríamos hablar de Babe Ruth en el baseball, de Cocó Chanel en la moda, o de Pelé en el fútbol. En el ámbito de la dirección de orquesta, tendríamos que decir: Herbert von Karajan. Pero antes de hablar de él, recordemos que la función de un director de orquesta no es la de ser un metrónomo gigante que marque tiempos, o la de un policía de crucero que controla la circulación de los músicos, pues todo ello está ya escrito en la partitura. De la misma manera en que un escultor toma un cincel y enfrenta la roca con una idea en mente, un director de orquesta toma la música escrita y la traduce a través de sus músicos con una idea en mente, en un profundo y complejo ejercicio hermenéutico. Lo valioso de un director de orquesta es la hermeneusis, entendiendo por ésta, el arte de arte de explicar, traducir, o interpretar una partitura generando un significado con sentido…, con su sentido. Por ello, es imposible escuchar la misma obra presentada por dos directores..., aunque desgraciadamente pululan los directores que sólo presentan notas huecas, sin música, pero eso será otra historia.
Regresando al fenómeno Karajan, iniciemos mencionando que nació, al igual que Mozart, en Salzburgo Austria en 1908. Inicia sus estudios de piano en el Mozarteum de Salzburgo, para después migrar a Viena donde encontrará su vocación. Para 1929, era ya el director de la Orquesta de Salzburgo para luego dirigir la orquesta de la ópera de la ciudad de Ülm, por cierto la ciudad natal de Einstein. Se puede decir que esta fue su verdadera escuela, pues él mismo fue depurando y exigiendo su propia técnica al extremo. A partir de la instauración del régimen Nazi, y aprovechando la salida de los directores de origen judío Bruno Walter y Otto Klemperer, Karajan toma la batuta de la orquesta de Viena y finalmente la de Berlín en 1938, siendo ya obviamente miembro del partido Nazi.
Al finalizar la guerra se establece en Inglaterra teniendo que esperar la muerte de su legendario rival Wilhelm Furtwängler en 1954 y regresar a Berlín donde permanecería hasta 1989, dimitiendo de su puesto ese mismo año unos meses antes de su muerte. Pero más allá de su biografía, ¿por qué es considerado el mejor director de orquesta del Siglo XX? Karajan lograba sacar minúsculos detalles y expresiones de la orquesta con pasajes brillantes controlando grandes espectros desde los pianisísimos hasta los fortisísimos.
Todo sumamente controlado…, quizá demasiado controlado, lo que le hizo ganarse la fama ultra conservador. Su alto nivel expresivo fue magnánimo en Beethoven, Brahms, Chaikovski y Stravinski, sin embargo, ello no fue adecuado para la música barroca que demandan otro enfoque. Aquí es donde se abre la discusión, pues habrá quien prefiera el Vivaldi germanizado racional inmerso en una plétora de matices románticos de Karajan; o quienes prefiramos al Bach espiritual de Nicholas Harnoncourt, el Haydn vivo y amable de Christopher Hoogwood o el Vivaldi intenso y salvaje de Fabio Biondi. Yo diría más bien que es cuestión de especialidades.
EL EGO de Karajan no aceptaba muchas sugerencias. Llegó a afirmar: "Si les digo a los berlineses que se adelanten, lo hacen. Si le digo a los vieneses que se adelanten, lo hacen. Pero luego preguntan por qué". O una broma que él mismo contaba: "Estaba yo reunido con Solti y Bernstein. De repente, Solti dijo: he tenido un sueño donde Dios me decía que era el mejor director del mundo. Bernstein replicó: Yo no lo soñé, a mi se me apareció y me dijo que yo era el mejor, a lo que Karajan respondió: "Yo no he dicho nada a nadie". Más allá de sus excentricidades Karajan llevó la música a muchos hogares a través de sus múltiples grabaciones. Su tesis final sobre el arte de dirigir, decía: "Todo consiste en saber cuándo hay que abandonar la batuta para no molestar a la orquesta.