Iniciamos el 2026 con el tema que acapara la atención del mundo y que le hace dividirse en opiniones: la captura del dictador Maduro.
Lo mismo: políticos, economistas, ideólogos y filósofos analizan el evento, desmenuzando datos y hechos para emitir un juicio propio.
Curioso: los populistas latinoamericanos se desgarran las vestiduras y el resto del mundo critica las formas, pero no dudan del fondo.
En la noche del 3 de enero, los EUA, brindaron un espectáculo que el mismísimo ególatra Trump vio por televisión y aplaudió; en solo 2 y medio minutos asaltaron la guarida del dictador, deteniéndolo y de paso matando a 32 guardaespaldas cubanos y 7 venezolanos que lo protegían.
No necesitaron más de 30 minutos para destruir los cuarteles del ejército e inutilizar la fuerza militar venezolana con "guerra sónica".
Pocos mencionan aspectos importantes: la planeación cuidadosa -durante semanas- y la enorme diferencia en tecnología de guerra entre una y otra nación. El "show", como lo definió el inmoral Trump, provocó a muchos al festejo, pocos a la crítica y menos a sancionar, ante un nuevo orden mundial con diferentes reglas, otros criterios y distintas formas de evaluar lo considerado bueno o malo.
No hemos atendido debidamente la realidad que se viene gestando desde hace décadas; el irrespeto a principios de convivencia entre países -izquierda o derecha- está rebasada por las conveniencias económicas y los intereses materiales mundiales.
Los políticos no mandan más; el interés del poder del dinero y quienes lo poseen son quienes ejercen la toma de decisión; los límites llamados fronteras, solamente son respetados a conveniencia y, de ser necesario, desconocidos por el fin último: el intercambio comercial y sus ganancias.
Las aduanas fronterizas son obsoletos testigos del "espectáculo" que armó Estados Unidos, en Venezuela.
Tampoco tenemos suficiente conciencia del nuevo orden mundial que imponen los mismos intereses económicos de toda la historia, pero con tecnología para lograrlos.
Ahora, se van configurando bloques de poder y fuerza que negocian entre sí y se reparten el mundo, con todos los mundanos incluidos.
Quienes se alegraron por la caída del dictador Maduro, habían sido sensibilizados para el rechazo al socialismo/populismo, corrupto injusto y represor de la libertad. Justicia evidente.
Los que repudiaron la acción bélica, están representados por aquellos idealistas utópicos que piensan que el socialismo funciona para alcanzar mejores condiciones de vida; otros, son personajes que están enojados, cegados por la frustración propia alimentada con autoengaño.
Algunos, sancionan la brutalidad que representa la guerra que ocasiona destrucción y muerte; repudian el abuso de poder impositivo con las armas para imponer sobre los demás la voluntad propia.
Ante todo, mencionan el rompimiento del orden mundial quebrantando leyes y acuerdos internacionales, ante la vigilancia inútil de una Organización de Naciones Unidas que hace tiempo fue rebasada por los intereses de unos y otros.
Pocos quieren ver la realidad de la humanidad del siglo XXI:
Estamos ante un reordenamiento de las naciones, que rompe con todo lo establecido para construir a esa nueva sociedad mundial, con otras reglas y formas de evaluar lo que es justo o injusto.
Regresamos a la ley medieval del más fuerte, que imperó por siglos, ahora con la enorme diferencia del factor tecnológico y desarrollo de la capacidad bélica de algunos, que sin dudarlo la aplican sobre sus oponentes.
El imperio yanqui -término despectivo- sufre el mismo proceso evolutivo de las sociedades en la historia: nació con su independencia -héroes que fueron idealizados-; se consolidó con trabajo y esfuerzo, fortaleciéndose, sin dejar desapercibidas las oportunidades que le ofrecieron las 2 grandes guerras mundiales; floreció con una gran economía nacional -de nuevo el dinero- que permitió el sobre confort a sus habitantes -el llamado sueño americano- y, ahora, vive la etapa inicial de la decadencia, con rompimiento de usos, costumbres y valores que les fortalecieron: los principios morales judío/cristianos, la defensa del derecho, las oportunidades, la independencia y la libertad individual. Nos arrastran a repensar los valores humanos.
Las mayorías aún no detectamos la constitución de tres bloques que pretenden repartirse al mundo, compitiendo por la energía: China, en oriente; Rusia país euroasiático que aspira a recuperar territorio; EUA, en América. Europa, luchando por hacerse un espacio propio.
La realidad nos enfrenta a la cruda decisión: pertenecer al grupo de países ricos y desarrollados, con beneficios diferenciados o unirnos a los estados pobres, que profundizarán en diferencias e injusticias.
Tristemente, la utopía del socialismo populista ha demostrado -sobrada y repetidamente- su ineficiencia, siendo factor de empobrecimiento y proliferación de soñadores, politiqueros y corruptos, quienes administran ineficientemente a sus naciones, imponiéndose abusivamente a los demás.
La realidad en el mundo posmoderno no es reconocida por los enajenados radicales; ellos siguen arrastrado los viejos errados principios filosóficos, políticos, atemporales y populacheros del siglo pasado.
¿Usted qué opina?