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RAÚL MUÑOZ DE LEÓN

"Aunque un gobierno  haga una ley, dando permiso a los burros para que vuelen, no por eso a los burros les salen a alas".

Vivimos en una sociedad en crisis. Hay que aceptar esta verdad y dimensionarla en su justa medida para conocer sus alcances y para poder combatir sus efectos. Hay una pérdida absoluta de valores, la gente aprecia a la gente por lo que tiene, no por lo que es; se le da más importancia a las cosas materiales que a las cosas morales o del espíritu. Despreciamos lo esencial por lo contingente. Hacemos del dinero el elemento central de nuestra convivencia social. 

Somos egoístas y nos aferramos a lo que tenemos, sin querer compartir con los demás, al mismo tiempo que somos envidiosos pues deseamos lo que otros tienen y queremos que sea nuestro. Con cuánta razón el poeta Blanco Belmonte resume esta actitud en el siguiente verso: "Hoy es el egoísmo, torpe maestro,

Al que rendimos culto de varios modos;

Si rezamos, sólo pedimos "el pan nuestro",

Nunca al cielo imploramos para todos".

Entonces, la envidia y el egoísmo aparecen como los antivalores que obstaculizan, obstruyen y deforman nuestra comunicación con los demás, impidiendo lamentablemente que se dé la solidaridad social que es el lazo que nos une, nos coordina y facilita nuestra superación personal y colectiva.

Desde otro ángulo, desear lo que otros tienen y no poder alcanzarlo produce en nosotros una frustración que conduce a un estado de ansiedad y de "stress", situación que altera la vida normal de quien la sufre, influyendo negativamente en sus relaciones sociales.

Decíamos al inicio de este panorama que hay crisis de valores en la sociedad pues se observa que hay un total desprecio por las normas de convivencia social, los llamados "Convencionalismos sociales".

En este tiempo es raro que alguien salude al entrar a un recinto, un espacio o un salón de clases donde esté reunida una multitud; ya no se respeta la presencia de una dama para que un individuo evite expresar "groserías" o "malas palabras"; es muy difícil que un "caballero" le ceda el asiento en un transporte público a un anciano o a una dama, y que éste o ésta al cedérselos diga "gracias".

Somos una sociedad capitalista, una sociedad de consumo y creemos falsamente que teniendo más cosas seremos más felices. ¡Oh misteriosa condición humana siempre lo opuesto buscas en la vida! Nos preocupamos por allegarnos mas bienes materiales por desgracia olvidándonos de la suave sentencia espiritual que dice: ¡Señor, dame vida para gozar de la vida y no cosas para gozar de la vida! 

Una sociedad en la que los individuos que la integran no tienen respeto por las normas de convivencia social es una sociedad enferma en peligro de desintegrarse y dar paso a luchas y enfrentamientos domésticos, por lo que es necesario avivar el fuego de la solidaridad y reimplantemos el concepto sociológico que haga posible la conexión de los individuos. Enseñemos desde ahora a nuestros niños y a nuestros jóvenes la conveniencia de vivir en sociedad y que esta no presente signos de enfermedad como los que aquí hemos expuesto.

r_munozdeleon@yahoo.com.mx

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Escrito en: Columnas Editorial

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