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PEQUEÑAS ESPECIES

QUIERO SER LUCHADOR

Corrían los años sesenta, y uno de los ídolos de aquel entonces era el famoso ¡Enmascarado de Plata!, "El Santo". Se encontraban de moda sus películas, había una revista semanal de sus historietas, se transmitía por TV la "Lucha Libre" los sábados por la noche, y ¿qué niño no jugaba con luchadores de plástico que vendían junto con un ring en la calle? Mi padre nos llevaba a ver en vivo la lucha libre cuando venía un gran cartel de luchadores a Torreón.

Cursaba la primaria en el Colegio Mijares, la maestra nos hablaba de las diferentes profesiones de trabajo, y nos hizo la clásica pregunta: ¿Qué te gustaría ser cuando seas mayor? Recuerdo que la mayoría de mis compañeros coincidían en las respuestas: doctor, licenciado, ingeniero, arquitecto, maestro, contador… El único que dio una respuesta diferente fui yo, lo que no fue muy del agrado de la maestra: ¡Quiero ser luchador!

Hace algunos años fui a domicilio por dos perritas para estética. Permanecí en la sala de la casa mientras iban por ellas. Al observar a mi alrededor, me encontré rodeado de cientos de máscaras de luchadores famosos dentro de vitrinas de cristal, perfectamente acomodadas en maniquíes, todas firmadas con el nombre del luchador impreso en una placa: Blue Demon, Mil Máscaras, Rayo de Jalisco, Huracán Ramírez, Black Shadow, Lizmark, Tinieblas, Dr. Wagner, Hermanos Espanto, La Parka, Octagón, Matemático y muchos más. No podía faltar el ícono de los luchadores, que se encontraba en un lugar privilegiado: "El Santo".

Cuando el dueño regresó con sus mascotas, lo felicité por su bella y enorme colección. "Todas son originales y están dedicadas", me dijo. Le pregunté si conoció al "Santo", y respondió: "Claro que sí. Precisamente por él tengo la colección de máscaras. La de él fue la primera. Lo conocí cuando era un niño; al venir a Torreón a luchar, no me despegaba de él. Era quien le llevaba el periódico, refrescos, revistas, siempre estaba al pendiente y me llegó a tener gran estimación, al grado de que lo invité a comer a mi casa, y aceptó con gusto. Pero me dijo que quería disfrutar la invitación asistiendo como Rodolfo Guzmán Huerta; de lo contrario no gozaríamos de privacidad".

Pasaron los años y ese fue nuestro secreto. Cada vez que venía a trabajar a Torreón, era mi invitado especial y se sentía muy complacido por la hospitalidad que le otorgábamos, pues, sin conocer su verdadera identidad, siempre fue recibido con agrado por mis padres. Años después, cuando mi familia supo que habían compartido los alimentos con la leyenda de los luchadores, no lo podían creer.

Tengo varias de sus máscaras; la que se encuentra en la vitrina es la más elegante y fue la primera que me obsequió, es de piel, y las demás las guardo en otro lugar. Me hizo el gran favor de mostrarme la colección de máscaras del Enmascarado de Plata. Me dio gusto recordar aquellos pasajes de la infancia ahora que me encuentro en el otoño de mi calendario. Después de un gran número de caídas durante cincuenta años en el "ring" de mi profesión, volver a levantarme una y otra vez sin claudicar, haber sido constante y logrado lo que me propuse, me hizo darme cuenta de que también fui un gran luchador en la vida.

pequenas_especies@hotmail.com.

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Escrito en: WBC Gohan Rodríguez Cristopher 'Látigo' Rosales Consejo Mundial de Boxeo boxeo Box

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