La piña es una fruta tropical rica en nutrientes, pero su consumo excesivo puede causar molestias digestivas.
Una alimentación rica en frutas y verduras es una de las mejores formas de cuidar la salud, pero incluso los alimentos más nutritivos pueden causar efectos negativos cuando se consumen en exceso. La piña es un buen ejemplo. No es necesario comer grandes cantidades durante mucho tiempo para que provoque molestias, por eso es importante conocer sus efectos secundarios y aprender a moderar las porciones para disfrutarla sin riesgos.
Aunque comúnmente se le considera solo una fruta, la piña es más compleja de lo que parece. De acuerdo con la base de datos DRUGS, también puede considerarse una flor, ya que se forma alrededor del tallo y su cáscara con patrón característico surge cuando pequeñas flores que la rodean se secan. Técnicamente, la parte que se consume es el resultado de ese proceso.
Consumida con moderación, la piña ofrece varios beneficios para la salud. Es rica en vitamina C, manganeso y enzimas que favorecen la digestión. También aporta antioxidantes que ayudan a proteger al organismo, favorecen la salud cardiovascular y mejoran la absorción de nutrientes. Además, distintas fuentes señalan que su consumo puede ayudar a aliviar el dolor articular, proteger contra los radicales libres y reducir el riesgo de ciertas enfermedades.
El problema aparece cuando se consume en exceso. Debido a su contenido de fibra, comer demasiada piña puede provocar inflamación, cólicos y gases. También puede causar ardor o molestia en la boca y el estómago, especialmente en personas sensibles a la bromelina, una enzima que ayuda a digerir proteínas y que también actúa sobre los tejidos de la boca.
En personas con intolerancia o alergia, los efectos pueden ser más severos. Entre los síntomas se encuentran diarrea, náuseas, dolor de cabeza, acidez estomacal, dolor abdominal, vómito, mareo o desmayo. En casos más graves puede presentarse inflamación en labios, cara, lengua o garganta, e incluso una reacción alérgica severa que requiere atención médica inmediata. Por eso, la clave está en la moderación y en escuchar a tu cuerpo.