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Pobrezafilia y pornificación de la carencia

Esta tendencia, que a menudo produce contenido erótico sin consentimiento de los sujetos vulnerables, explota la precariedad para satisfacer fantasías de superioridad, movilidad social y control, perpetuando la desigualdad social.

Imagen: Unsplash/ Pavol Duracka

Imagen: Unsplash/ Pavol Duracka

ABRAHAM ESPARZA VELASCO

La atracción se da en muy distintas formas y hacia diversos objetos de deseo o situaciones, pero una de las más inesperadas es quizá la atracción sexual hacia personas que reúnen señas de vivir con cierta carencia económica.

¿Qué implicaciones tiene esta preferencia? Se trata de un terreno incierto donde la corrección política, lo moral y lo social entran en tela de juicio.

DE FILIAS Y NEOLOGISMOS

Según el Instituto de Estudios Sobre la Mujer, la llamada “pobrezafilia” es un neologismo originado en Internet que define una atracción sexual hacia individuos— principalmente mujeres— de bajos recursos.

Más que una filia en sí, se refiere a una tendencia que “pornifica” la pobreza, exhibiendo fotografías o videos de mujeres sensuales en entornos desfavorecidos. Es decir, no está reconocida por los manuales de diagnóstico de trastornos mentales como es elDSM-5-TR o el CIE-11. Estamos, más que frente a una expresión de la sexualidad, ante un concepto cultural vinculado a productos pornográficos.

La pornografía busca presentar historias sin importar que sus consumidores no suelan ponerles atención. Sin embargo, aunque las tramas de los contenidos de este tipo sirvan como una introducción mínimamente necesaria para los actos sexuales, también  reflejan contextos sociales que se extienden fuera de la ficción erótica. Por ejemplo, conceptos como el amor prohibido o el tabú de la infidelidad pueden ser el eje de cualquier relato, sea o no pornográfico.

Así, la pobreza es observada, representada y consumida desde posiciones de privilegio que idealizan la carencia material desligándola de sus implicaciones sociales, como la exclusión y la violencia, y envolviéndola de virtudes como la autenticidad, laresiliencia e incluso un valor moral superior.La pobrezafilia se hermana con la llamada pornomiseria, pues ambas desarman el carácter estructural de la falta de recursoseconómicos para idealizarla, aunque cabe mencionar que este último concepto no está relacionado con lo sexual.

La pornomiseria se refiere a la explotación de la pobreza por medio de historias de superación personal o que ensalzan los valores de quienes viven en condiciones precarias, mientras que la pobrezafilia va un paso más allá, creando una categoría de contenidosexual caracterizada por una “estética” de la escasez. ¿Cómo puede suceder algo así?

El entorno precario es uno de los principales atractivos para quienes buscan contenido relacionado con la
pobrezafilia.
El entorno precario es uno de los principales atractivos para quienes buscan contenido relacionado con la pobrezafilia.

LA DINÁMICA DE PODER

Las narrativas de logro, tan extendidas en la actualidad, son una posible respuesta a esta interrogante. Una fantasía bastante extendida en la sociedad es aquella en que una persona rica “salva” a otra de la miseria a través de una relación afectiva y/o sexual, resultando en una movilidad social “mágica” en un mundo donde el esfuerzo y el trabajo no suelen ser suficientes para prosperar materialmente. 

En productos pornográficos tan relevantes como la revista Playboy, existe la constante de mostrar cierto lujo o glamur en concordancia con dichos relatos de triunfo personal. En contraste, la pobrezafilia trastoca ese simbolismo mostrando espacios desordenados y precarios, al tiempo que no se hacen retoques ni edición fotográfica.

Lo que ocurre aquí es, más que una fantasía de logro, una dinámica donde las mujeres se ven atraídas por alguien de mayor estatus que, básicamente, las tiene a su merced. Es decir, la posición social y económica equivale a ser deseable y a tener una mayor  cantidad de conquistas o experiencias sexuales.

Sin embargo, lo más controversial no es, en sí, la participación de personas de bajos recursos como objetos de deseo, sino la dinámica de poder resultante. Y es que este tipo de imágenes erotizadas por lo general son compartidas sin consentimiento de laparte vulnerable, ya que suelen surgir en un espacio privado compartido con la pareja actual o disuelta.

La privacidad se transgrede y, además, el contenido pornográfico se comparte utilizando calificativos despectivos como “putipobre”. Existe una burla y una objetivización que permiten, al mismo tiempo, la excitación sexual, colocando al consumidor en un lugar de dominancia. Es un microcosmos que engloba muchas problemáticas sociales, como la desigualdad y la violencia de género.

En producciones pornográficas como Playboy, el lujo y el estatus social se asocian a la deseabilidad. Imagen: Instagram/ @gillian_nation
En producciones pornográficas como Playboy, el lujo y el estatus social se asocian a la deseabilidad. Imagen: Instagram/ @gillian_nation

PORNIFICACIÓN GENERALIZADA

La atracción sexual es simbólica, estética y moral, por lo que está imbuida de aspiraciones colectivas, como las ya mencionadasfantasías de éxito y movilidad social. De ahí que la pobrezafilia sea resultado de un proceso más amplio de pornificaciónde la cultura, el cual atraviesa todos los estratos sociales, incluidos, por supuesto, los más vulnerables.

En el artículo Gente joven y pornografía (2013), la doctora en sociología Monique Mulholland describe la pornificación como un gusto por la “confesión corporal erotizada” que se ha popularizado debido, entre otros factores, al uso extendido de la tecnología, la flexibilidad normativa sobre la pornografía y la libertad sexual de la época.

Los cuerpos, principalmente los de mujeres jóvenes, son sexualizados en escenarios empobrecidos, y difundidos a través de redes sociales y otros rincones de la web. La pobreza es, pues, resignificada visualmente bajo códigos eróticos donde el ambiente de escasez adquiere un papel central.

De este modo, la pobrezafilia transforma al desfavorecido en objeto de contemplación, incluso desde una perspectiva exotista. Según la psicóloga social Heather E. Bullock (Imágenes media del pobre, 2001), esta fascinación reside en la capacidad de  descomponer la carencia económica en narrativas emocionalmente digeribles para el público que la ve desde fuera.

Leon Festing, psicólogo social estadounidense, propone que la romantización de la pobreza se puede deber a un mecanismo de defensa de la mente, que busca neutralizar la angustia moral que generan temáticas difíciles de abordar, como la desigualdad extrema. Al convertir la precariedad en algo valioso, se enaltece la propia humildad y se acentúa una disonancia cognitiva que suaviza el conflicto de sentirse injustamente privilegiado en relación con otros más desafortunados.

Pero las cargas morales aumentan cuando entra en juego la pobrezafilia, porque no se trata únicamente de alimentar un sesgo cognitivo, sino de encontrar un atractivo sexual en la ecuación que, finalmente, se traduce en el deseo de ejercer un poder simbólico sobre quien vive en la escasez. 

Instagram: @esve_brio

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