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Recordar a través del sabor: La Americana reabre sus puertas

Tras haber cerrado en 1980, el silencio que quedó entre sus paredes fue largo, pero no definitivo

Recordar a través del sabor: La Americana reabre sus puertas

Recordar a través del sabor: La Americana reabre sus puertas

MARIANA ONOFRE

Después de una pausa de casi medio siglo, las puertas del tradicional restaurante La Americana volvieron a abrirse y, con ello, una parte entrañable de la memoria de Torreón. Justo en el corazón de la ciudad (sobre avenida Matamoros entre Rodríguez y Cepeda), donde el tiempo parece caminar más despacio, el establecimiento, que nació en 1935 como una botica, retomó su lugar como punto de encuentro de aromas familiares y conversaciones largas.

Tras haber cerrado en 1980, el silencio que quedó entre sus paredes fue largo, pero no definitivo. El 16 de diciembre de 2025 La Americana regresó para recordarle a la ciudad quién ha sido y de dónde viene. Hoy, bajo la administración de Pedro Di-Bella Puentes, nieto de aquellos primeros dueños, La Americana busca replicar aquellas deliciosas recetas y postres que lo caracterizaban y, además, posicionarse como uno de los mejores restaurantes de Torreón.

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“En 1935 mi abuelo Juan Ruperto Di-Bella Villamil, que era farmacéutico de profesión, establece la botica La Americana. Se llamaba así porque traía innovaciones americanas, de Estados Unidos, y extranjeras. Unos cuantos años después tuvo la intención de hacer una perfumería y empezó trayendo perfumes extranjeros y europeos... después, con las esencias comenzó a fabricar sus propios perfumes.

Sin embargo, mi abuela Elsie Leal Takney quiso aportar algo al negocio y con sus conocimientos en comida yucateca e italiana convirtió la botica y perfumería en una cafetería, pastelería y restaurante”, narra Pedro Di-Bella, quien con emoción recuerda los inicios del negocio familiar.

En ese entonces, La Americana se ubicaba sobre la avenida Juárez entre Rodríguez y Cepeda. Tiempo después, en 1963, el establecimiento migró a la siguiente cuadra, entre Acuña y Rodríguez, muy cerca del mercado Juárez.

“En esta nueva ubicación, el restaurante estaba en el sótano y en la parte de arriba estaba la cafetería, dulcería, pastelería y la perfumería. Era como un pequeño Sanborns... ya estaban vendiendo muchas cosas. En el tercer piso de ese edificio mis abuelos vivían junto con mis papás, entonces bajaban y subían al restaurante y todavía traían innovaciones americanas”, cuenta Pedro.

Sin lugar a dudas, La Americana fue testigo de interesantes anécdotas que merecen la pena ser contadas y escuchadas de nuevo. El actual administrador del establecimiento recuerda que en 1938 su abuelo fue encarcelado por contrabandista.

“Mi abuelo iba a Estados Unidos y traía innovaciones... trajo el pan de caja, que es el pan Bimbo, pero en ese entonces no lo conocían, y también trajo los pupilentes. Lo metieron a la cárcel porque trajo Pepsi Cola y en esos años no había licencias de funcionamiento para poder vender Pepsi en el norte del país. Él trajo dos camiones para vender el producto en su restaurante como una innovación, pero en sus idas y vueltas lo detuvieron y encarcelaron, porque no tenía permiso para vender eso. Es por eso que La Americana siempre ha vendido Pepsi... hoy en día se han acercado de otra compañía a ofrecer sus refrescos, pero yo no tengo el corazón para aceptar y sería muy poco razonable de mi parte...”.

PLATILLOS DE TRADICIÓN

Por años, La Americana fue un éxito. Las familias se reunían a convivir y disfrutar el platillo estrella: las enchiladas suizas, preparadas con pollo y una salsa especial de tomate, receta que llegó a La Laguna desde Sicilia, Italia, de donde era originario don Juan Ruperto Di-Bella Villamil.

“Las enchiladas suizas son muy diferentes a las que conocemos, porque las de aquí están hechas con una salsa de tomate que es una receta especial que trajo mi abuelo de Sicilia... la familia de mis abuelos es siciliana, de un poblado que se llama Mesina, y de ahí proviene esa receta, es por eso que la gente de la tercera edad viene y lo primerito que pide son las enchiladas suizas”.

El moderno restaurante también ofrecía malteadas, pastel de fresas con crema, bananas split y los tradicionales Borrachitos, que son unos pequeños panecitos esponjosos con un toque de ron en el centro. “Los Borrachitos tienen un jarabe de azúcar que encuentra muy bien su equilibrio con el ron.

Son empapelados con papel encerado y lo más interesante de todo es que son elaborados por mi papá, que tiene 80 años de edad, y mi mamá de 77 años. Solamente preparan 42 Borrachitos al día... no se hacen más y se nos acaban inmediatamente. Solo preparan esa cantidad porque nada más nos quedan 42 moldes de los años 60. Hemos tratado de fabricar más moldes pero los hojalateros dicen que es un trabajo muy artesanal y no pueden duplicarlos, además mis papás ya no tienen las energías para estar haciendo tiradas más grandes”.

LA AMERICANA LLEGA A SU FIN

 Sin embargo, un lamentable accidente acabó con la bonanza del lugar. “Cuando fallecen mi abuelo y mi abuela le heredan el restaurante a mi papá, el señor Pedro Di-Bella Leal, y junto con su esposa, o sea mi mamá, lo siguieron atendiendo hasta 1980. En 1978 ocurrió un accidente: se estaban cociendo las pechugas de pollo para las enchiladas suizas... el platillo más emblemático de este restaurante, pero de alguna manera se tapó la válvula de la olla presto y explotó. Había tres cocineras a los lados y la explosión las hirió. Las demandas acabaron con todo... la vida económica de mis papás ya fue muy diferente luego de ese lamentable acontecimiento y ya no se pudo abrir La Americana. En 1980 ya no se abrió. La explosión fue en el 78, había un sindicato en el restaurante, hicieron huelga durante un par de años pero el restaurante no soportó y se cerró totalmente”.

RECUPERAR LA AMERICANA

Como una muestra de amor y compromiso, Pedro Di-Bella Puentes decidió reabrir La Americana. “En honor a mis papás y abuelos estoy intentando regresar a ese restaurante familiar con exactamente los mismos alimentos... es muy importante que el legado siga. Mi padre todavía vive y es su restaurante, él quiere que sea como antes. No sé a dónde me vaya a llevar esto y la verdad ha sido un gran reto para mí.

Yo soy entrenador y presidente de una organización de taekwondo y tengo mi academia. Un día dije ‘es momento de recuperar La Americana’ y me salí de mi trabajo donde duré 20 años como director de Deportes y Cultura. Ha sido muy complicado, pero estoy teniendo el apoyo de mi familia y de los adultos mayores que vienen a recordar viejos tiempos”.

Para no perder la esencia que los caracteriza y ofrecer a los comensales el sabor original, las nuevas cocineras reciben capacitación de algunas de las primeras cocineras.

“Les cuento que mi mamá, Lucía Fuentes Acevedo de 77 años, fue cocinera en el restaurante y ahí conoció a mi papá. Ella, junto con otra amiga de la familia, Gloria Horta, están capacitando a nuestras nuevas cocineras con las mismas recetas y con el mismo sazón... es por eso que estamos ofreciendo los platillos más emblemáticos que se tenían desde 1940 hasta 1980. Mi mamá es un eslabón muy importante para la cocina actualmente, ella las está capacitando y la verdad es que ha sido una misión muy titánica”, explica Pedro.

Sin embargo, como bien dice el dicho “a tiempos nuevos, modos nuevos”, La Americana también trabaja en renovarse. Pedro relata que aunque los sabores de los platillos más emblemáticos son los que se están rescatando, también agregaron al menú nuevas delicias.

“Tenemos platillos ya más actuales como tacos, burritos, gorditas, desayunos... al final de cuentas van ligados, van de la mano. Ya después pondremos los mismos desayunos que se hacían en La Americana en aquellos años”.

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 Visitar La Americana es una experiencia completa. Además de disfrutar un delicioso platillo y ser atendido por el amable personal, los clientes viajan en el tiempo. En el lugar se encuentran vitrinas con artículos originales que se utilizaban en el establecimiento hace poco menos de un siglo.

“En las vitrinas estoy exhibiendo algunos artículos importantes que se utilizaron en el restaurante.

Por ejemplo vasos, copas, popotes, menús y recetarios que se usaban en el servicio en aquel entonces. Algunas fotografías y vestigios de cuando era perfumería. Mi abuelo era farmacéutico de profesión y colaboró muy de cerca con el señor presidente Adolfo Ruiz Cortines (presidente de México de 1952 a 1958). Como traía medicamento americano, colaboraba muy de cerca con el Gobierno federal y el presidente, al final de su mandato, le regaló el teléfono rojo a mi abuelo...

se lo entrega y le dice ‘este teléfono ya cumplió con su función en el servicio público. Ahora merece estar en manos de alguien que entiende el valor del trabajo’. El teléfono es rojo porque es una línea directa hacia los presidentes. Se me hizo muy padre ponerlo aquí en el restaurante”, cuenta con emoción Pedro al recordar la historia de sus antepasados.

Hoy, La Americana no solo vuelve a servir comida: regresa a servir recuerdos, identidad y pertenencia. Cada mesa ocupada, cada orden de enchiladas suizas y cada Borrachito que se agota antes del mediodía confirma que la memoria también se alimenta. Para muchos adultos mayores cruzar su puerta es reencontrarse con la juventud; para las nuevas generaciones, es descubrir sabores, historias y anécdotas.

En pleno Centro de Torreón, La Americana regresa no como una moda o por nostalgia pasajera, sino como un homenaje vivo a quienes la construyeron con trabajo, innovación y amor. Este restaurante demuestra que hay legados que merecen volver a la mesa y quedarse, recordándonos que el pasado cuando se honra, también puede tener futuro.

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