JUVENTUD, DIVINO TESORO
Los años pasan muy rápido y no nos damos cuenta hasta que ya se fueron. Ya lo había escuchado, pero ¿quién entiende en los años mozos? Todo se ve tan relativo. Tengo tantos recuerdos que solo me asombraba, escuchaba, callaba… y ahora, qué cierto era.
Mi área, especialidad en mi consultorio, es la gerodontología: "adultos mayores". Desde hace muchísimos años me gustó dedicarme a los pacientes de edad adulta; a la gran mayoría los admiraba, los llegué a estimar y a muchos a querer. Ya muchos de ellos partieron, dejando sus experiencias plasmadas en mi memoria. Podría escribir de todos ellos. Todos tenían un común denominador: les interesaba su salud oral. Muchos iban regularmente a su valoración y limpieza; otros, en cuanto yo les informaba que observaba algo diferente, se lo atendían.
El llegar a adulto mayor tiene muchos méritos. Lo veo como los carros: si no se atienden, si se corren sin aceite, van a fallar más pronto que si continuamente les damos mantenimiento. Así mismo, las personas que vamos llegando a la fase adulta requerimos darnos cuenta de que ya estamos en otra etapa, y nos empiezan a caer "los veintes", como se dice.
Recuerdo que mi madre, cuando le quería ayudar, me decía: "Nooo, quítate, eres muy lenta". Con los años, yo era la que le decía: "A ver, mamá, yo lo hago, usted es muy lenta". Con mucho asombro escuché a mi suegra cuando me dijo: "A mí no me invites a los festejos de los niños en el colegio, que el Día de la Madre, del Abuelo, etc., porque para mí es muy difícil estar temprano lista". Hasta ahora comprendo sus palabras. Antes, en un abrir y cerrar de ojos estaba lista para salir a mis actividades; ahora, para iniciar: la meditación, la oración, el cafecito, seguido del baño, algo de ejercicio, etcétera… ya se llevó su buen tiempo. Entonces hay que madrugar para poder asistir a los eventos de los nietos.
También recuerdo cuando mi padre cumplió 60 años. Se puso triste, con lágrimas en los ojos, y nos dijo: "¿Saben lo que es cumplir 60 años?". Pues lo escuché… no sabía.
Otro dato que me causaba mucha risa es que mi mamá me decía: "Ay, hija, préstame tus ojos para un domingo". La verdad, me causaba mucha risa… y ya entendí. Hasta ahora entiendo muchísimas cosas.
La vida es hermosa. Los amigos se van, los conocidos se van… ¡ya somos los mayores! Claro, sigue habiendo personas más grandes, que cuidaron su templo con mucha sabiduría y por ese motivo se encuentran bien.
Mi tema preferido dentro de la gerodontología es la gerociencia: cómo cuidar nuestra longevidad sana. Y esta empieza desde que nacemos, empieza desde la juventud.
Dicen que si no te preguntan, no opines; si no te consultan, no asesores… pero no puedo evitar dar consejos a la juventud que veo: duerme bien, no te desveles; no todo es diversión, no todo es trabajo. Requerimos administrar nuestro tiempo, porque nosotros somos lo más importante.
Ahorita que está Torreón con tantas vialidades en obra, no puedo evitar condolerse de los tránsitos. ¡Qué trabajo tan pesado! Parados un buen número de horas, bajo el sol, organizando el tráfico con movimientos de brazos y manos constantemente. Pienso: pobrecitos… tanto sol, tantas horas de pie, y para colmo, el tráfico enojado. Ojalá los vehículos seamos amables con ellos y entre nosotros; darnos el paso no nos hace perder más que un poco de tiempo.
Otro detalle que observo: algunas personas desean cruzar las calles; les das el paso y se sienten presionadas y "corren". Es lo peor que pueden hacer: pueden caerse, lastimarse, quebrarse, y luego ya nada vuelve a ser igual.
Seguiré hablando de la gerociencia, de todo lo que debemos hacer para cuidarnos. Entendamos a nuestros adultos mayores, escuchémoslos. No les digamos: "Ay, mamá… ay, papá… ¡ay!". Después quisiéramos tenerlos presentes para evocar tanta historia y sabiduría que tienen.
En la Biblia se hace referencia en reiteradas ocasiones al adulto mayor: "El que se deja llevar por consejos llega a viejo; escucha el consejo y acepta la corrección, para que seas sabio el resto de tus días" (Proverbios 19:20).
Debemos considerar a las personas mayores como una bendición en nuestras vidas.