Con frecuencia suelo escuchar la frase: "no soy feminista, pero tampoco soy machista". Desde mi percepción, esta es una postura cómoda mediante la cual se pueden evitar pláticas que muy probablemente terminarán en discusiones o malos entendidos. Si bien es cierto, cada persona tiene la libertad de elegir su grado de participación en el tema; sin embargo, tener una postura pasiva también frena el avance del movimiento feminista.
Desde hace años, el feminismo es un tema que de manera natural genera diversas opiniones y puntos de vista que llevan a la controversia, como si se tratara de formar bandos en donde las personas desean representar al mejor equipo, buscando la aprobación de sus argumentos, aun teniendo poco conocimiento del tema o careciendo de los conceptos básicos para entender el contexto, más allá de lo que popularmente se pueda escuchar.
Pero hablar del tema implica un compromiso personal y, sobre todo, el deseo individual de expandir el propio conocimiento más allá de las barreras sociales, manteniendo una estructura mental abierta que permita llegar a la reflexión y que incite a sumergirse en la historia y en la búsqueda de información basada en estudios, teorías o estadísticas. ¿Cuánto interés real muestran las personas para salir de su zona de confort? Investigar y educarse para conocer otras realidades diferentes a la nuestra es un trabajo personal que conlleva capacidad de análisis, tiempo y disposición.
Por esta razón, es común escuchar a hombres e incluso a mujeres hablar con argumentos distorsionados de lo que es el empoderamiento femenino o con ideas poco claras sobre las causas por las cuales trabaja el feminismo. Ambos conceptos están muy lejos de ser una lucha de poder que busca la superioridad de la mujer sobre el hombre o en donde se trata de anular al género masculino (como erróneamente se ha llegado a pensar).
Desde sus orígenes, el feminismo es un movimiento político, social e intelectual que lucha por generar una igualdad entre hombres y mujeres, principalmente dentro del entorno educativo, laboral y en su participación social. A la par, busca disminuir las diferentes formas de violencia que se tienen normalizadas hacia la mujer, promoviendo la dignidad humana en cada una de ellas.
Todo esto acompañado de un empoderamiento femenino bien encauzado, en donde el objetivo principal es desarrollar en la mujer la seguridad emocional necesaria para tomar decisiones por sí misma de manera libre, permitiéndole salir de entornos que limiten su expansión, frenen su voluntad e incluso en donde su integridad esté en riesgo. En el empoderamiento femenino se trabaja la autoestima, la autonomía, la salud mental y, principalmente, la seguridad personal.
De manera general, se busca formar estructuras individuales más sólidas en donde la base de la personalidad sea una autoestima fortalecida, partiendo del autocuidado y no desde un ego mal entendido que busca la superioridad. En donde la comunicación verbal sea lo suficientemente clara y estructurada para poder sostener las propias palabras con fuerza. Se trabaja para que las niñas, adolescentes y mujeres adultas puedan encontrar libertad con responsabilidad y seguridad dentro de su entorno social. Y también se buscan leyes que trasciendan en el tiempo para proteger la dignidad personal y el derecho individual.
Independientemente de tu género, una forma de conmemorar la lucha histórica de la mujer en el mes de marzo es tener la voluntad de expandir el propio conocimiento. Educarse en el tema a través de la historia para ir más allá de la realidad personal. Para mayor información, sigue las cuentas de @vengavibremospositivo, @jorge_lpz, @ffemmex y @nellygarcia.psicoterapeuta.