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En un momento de estrés, el cuerpo humano activa el modo supervivencia: músculos tensos, respiración agitada, aumento del ritmocardiaco y liberación de adrenalina. La misión es clara: huir de la amenaza inminente, alejarse del depredador. Buscar sobrevivir.
Supervivencia: la capacidad de mantener la vida o la funcionalidad de un sistema en condiciones adversas. En ocasiones, el monstruo a vencer es un sistema rebasado por condiciones precarias, una cultura patriarcal y un estetoscopio deshumanizante. “Básicamente sentí que estaba luchando por sobrevivir”, comenta Karen N al narrar la experiencia de dar a luz a su bebé prematuro en un hospital público del Estado de México.
A las 33 semanas rompió fuente. Una llamada rápida a su ginecólogo le indicó que, al no contar con seguro social y debido al tiempo de gestación, tendría que acudir a un hospital de tercer nivel, una unidad médica con alta capacidad resolutiva donde podrían reaccionar ante la gravedad de la situación. Con el cuerpo en tensión y el ritmo acelerado, la mamá primeriza se aferró al único pensamiento que atravesaba su mente: conocer a su hijo.
“Me internaron un miércoles por la mañana. El viernes en la tarde comencé a sentir dolores. El doctor que me revisó me dijo que sí los estaba teniendo, pero que si pudiera esperarme hasta el lunes para cumplir las 34 [semanas] y garantizar un poco más deposibilidad de que mi bebé sobreviviera fuera de mí. Le dije que yo podría esperar, pero no sabía si él lo hiciera, mientras le señalaba mi panza”.
Durante la madrugada del sábado le practicaron una cesárea de emergencia. Con poco líquido amniótico, ella sentía que algo sucedía con su bebé; los movimientos que realizaba eran completamente ajenos a los que por más de seis meses habían compartido. Insistiendo por un par de horas con cualquier bata blanca que veía, finalmente logró que alguien escuchara ycreyera lo que decía y, en ese momento, la ingresaron a cirugía. Cuando su hijo nació, pudo verlo por unos segundos antes de que se lo llevaran a la Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales (UCIN).

“Sólo lo escuchaba llorar. No sabía nada. Preguntaba y preguntaba si alguien me podía dar información sobre mi bebé, pero nada, como si fuera un fantasma. De fondo escuchaba que decían que habían cortado de más el cordón umbilical y no dejaba de sangrar, pero nadie me quería decir nada ni contestar nada”.
Finalmente, una doctora se acercó a su camilla. De manera rápida y escueta, le informó que su hijo estaba grave y enlistó todos los posibles problemas que podría enfrentar producto del nacimiento a una etapa tan temprana, desde fallas en los órganos principales hasta problemas en el habla o parálisis cerebral; además, le exigió mantenerse estable y tranquila, porque si no tendrían que trasladarla a cuidados intensivos. Tras finalizar su discurso, la dejó nuevamente sola, aún recuperándose de la anestesia y de un parto traumático.
“Entiendo que era necesario que me dijeran cómo estaba mi bebé, pero la manera tan insensible en que lo hizo fue lo que me lastimó más. Apenas me habían pasado a recuperación y básicamente me dijo que mi hijo se podía morir en cualquier momento, así sin empatía. Sólo pensaba en que tenía que estar bien para que me dieran de alta pronto, pero sí vi cómo desde que ella empezó a hablar mi presión empezó a subir y subir”.
Mientras estuvo internada, Karen escuchó historias de otras mujeres acerca del trato que habían recibido. Frases como “ya no llore, usted quiso esto”, “nadie le hará caso si sigue gritando”, “tú deberías estar estudiando, no toda panzona”, abundaban los relatos. Inquietudes ignoradas, tactos vaginales innecesarios, técnicas obsoletas como la maniobra de Kristeller, madres con pérdida gestacional recuperándose en la misma área con el llanto de los bebés de fondo: la frialdad ante la vida expuesta para dar más vida.
“Sé que no me fue tan mal, pero sé que lo que viví también fue violencia obstétrica”.

¿QUÉ ES?
La violencia obstétrica es definida por GIRE (Grupo de Información en Reproducción Elegida) como “una forma específica de violencia contra las mujeres y otras personas con capacidad de gestar que constituye una violación a los derechos humanos”. En el ámbito de la atención obstétrica, tanto en los servicios de salud públicos como privados, cualquier práctica y conducta realizada por profesionales de salud durante el embarazo, parto y puerperio que pueda ser considerada como violenta, ya sea por acción o por omisión, debería ser catalogada como violencia obstétrica. Episiotomías sin consentimiento, ausencia de anestésicos en intervensiones dolorosas, retraso en la atención médica, humillaciones, gritos e insultos son algunos ejemplos.
En el ensayo Parir en oscuridad. Violencia obstétrica: Una violación a los derechos humanos de las mujeres, se estable que es, también, una forma de violencia basada en el género. Por lo tanto, para profundizar en su análisis habría que partir del entendimiento de las relaciones de poder y las estructuras sociales y culturales que mantienen los diferentes mecanismos de controlhacia las mujeres. En el mismo sentido, en 2023 la Corte Interamericana de Derechos Humanos reconoció este tipo de violencia como una basada en género.
La doctora Paola Ma. Sesia, en un artículo publicado por el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS), establece cinco conductas principales al hablar sobre violencia obstétrica:
Sobremedicalización: dosis innecesarias de medicamentos, reduciendo la capacidad de decidir libre e informadamente sobre el proceso fisiológico. Pérdida de autonomía: inclinar la balanza de decisión hacia los trabajadores sanitarios dejando de lado los deseos y capacidad de elección de las personas gestantes.
Trato deshumanizado: maltrato y abusos verbales, físicos y psicológicos.
Negación de la atención: retraso de la atención médica u omisión de cuidados.
Carencias del sistema de salud: condiciones laborales precarias que impidan al personal de salud contar con las herramientas necesarias para brindar una atención de calidad.

LA SITUACIÓN EN MÉXICO
La Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH), cuyo principal objetivo es generar información sobre las experiencias de violencia en mujeres mayores de 15 años en México, en su edición del 2021 arrojó un datoalarmante: una de cada tres mujeres en el país ha sufrido violencia obstétrica.
Aunque es una práctica común, la atención debería estar justamente en erradicar la normalización de las humillicaciones y malos tratos durante el embarazo, parto y posparto. En brindar la información necesaria para la detección oportuna de un trato deshumanizado y abrir canales de comunicación que permitan mantener el diálogo y denunciar tales hechos.
El 30 por ciento de las mujeres mexicanas han acudido a un centro de salud ya sea para confirmar su embarazo, para realizar sus visitas prenatales, para oír el latido de su bebé o listas para cargarlo por primera vez y han salido de allí con signos alarmantesde estrés, recuerdos traumáticos y hasta condiciones graves de salud.
En México ya hay estados que tipifican la violencia obstétrica como delito: Chiapas, Estado de México, Guerrero, Puebla, Quintana Roo, Yucatán, Veracruz y Aguascalientes. Pero el camino todavía es largo. Aún hace falta sensibilidad y empatía hacia las mujeres y personas gestantes, sus procesos y la vulnerabilidad que atraviesan ante una de las vivencias más caóticas y desgarradoras. Tal vezcuando no se priorice el parto por cesárea sobre el parto vaginal por la comodidad de unos cuantos, la victoria se sentirá más cercana.
sofia.gamon5@gmail.com